miércoles, 2 de abril de 2008

Traiciones

Capítulos anteriores:
Renacimiento
Comienza la caza

Instinto

Observaba desde la azotea de un edificio cercano como el hombre de pelo largo y canoso sacaba a la muchacha del callejón, parecía herida pero no gravemente, por lo menos no para uno de ellos. Sabía lo que eran ellos dos, por supuesto, aunque el alma de la chica emitía una luz extraña.

Un escalofrío le recorrió la espalda, no sabía que sentir ante las noticias del regreso de los Moloqai, para él hacía mucho que se había terminado la certeza, ni siquiera estaba seguro de su papel en este mundo. Sus pensamientos se detuvieron en seco cuando captó un sonido familiar, un sollozo lastimero, el que emite alguien que sabe que su fin está cerca y es inevitable.

Moviéndose a una velocidad cegadora saltó a la azotea del edificio de al lado, concentrándose en la procedencia de los lamentos. Llevaba un abrigo de recio cuero negro que le llegaba hasta los tobillos y vestía ropas oscuras, cualquiera que le viese le tomaría por un joven gótico dada también la palidez de su piel. Cualquiera que no le viese saltar de azotea en azotea corriendo a una velocidad sobrehumana, claro.

En apenas un par de minutos había llegado a su objetivo, se asomó para ver en un oscuro callejón a un chaval sentado con la espalda contra un rincón lleno de basura, con la mirada fija en el ser q se le acercaba lentamente, bebiendo cada gota del terror que destilaba. Tenía vaga apariencia humanoide, pero su boca era más grande de lo normal y además también se abría verticalmente hasta la mitad a de su torso, mostrando unos colmillos descomunales. El humano estaba aterrorizado, pero Naraal no, había visto demasiadas cosas para que una simple sanguijuela le asustase.

Saltando de pared a pared del callejón, cayó entre el monstruo y su presa, incorporándose con una sonrisa.

- Hola, creo que hoy te voy a fastidiar la cena.

El deforme ser siseó y su descomunal boca rezumó una malsana baba amarillenta. Estudió a Naraal durante unos segundos y después esbozó una mueca similar a una sonrisa.

- ¿Que tenemos aquí? ¿Un defensor de los débiles? ¡He seguido las normas! ¡No tienes ningún derecho a interponerte en mi camino! ¡¡No es más que ganado, un ser inferior!!

Rugió y avanzó un par de pasos hacia el, abriendo y cerrando su desproporcionada boca.

- No necesito permiso para interponerme en tu camino.

Las pupilas de Naraal se extendieron, convirtiendo sus ojos en dos esferas negras y sus uñas crecieron, formando unas largas garras

- No me importan esas normas que mencionas.

En menos de un parpadeo Naraal tenía su frente apoyada en la del monstruo, mirándole a los ojos, y las manos clavadas hasta las muñecas en sus costados.

- Y no es una cuestión de inferioridad, sino de justicia.

Dejó caer el cadáver y se volvió hacia el joven, se había desmayado. Iba a marcharse cuando notó un movimiento, se volvió de nuevo y vio que el chaval había vuelto en sí.
Examinó su alma y reconoció aquella extraña luz, se acercó hacia el y se agachó a su lado.

- Vaya, espero no cogerle demasiado gusto a hacer esto, se esta convirtiendo en un hábito

De un fuerte golpe, dejó inconsciente al asustado muchacho.

4 comentarios:

Laura dijo...

Pero q mania de ir dejando inconsiciente a la peña x ahi... jajaja
ahora en serio, me esta gustando mucho esta historia, se ve q estas inspirado y te esta quedando muy bien, sigue asi!! (y publica pronto el próximo capitulo!!)

Giaccomo Torchia dijo...

esta bien la historia, esperemos que continue

Naru dijo...

mmm... tienes que continuar la historia, y rápido, que tengo algo de intriga.
beso:)

Naru dijo...

y por cierto!! buena frase la de no es inferioridad, sino justicia,eh!! jejeje