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lunes, 5 de mayo de 2008

Herencia

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Renacimiento
Comienza la caza

Instinto
Traiciones
Historias

Ninguno de los nueve seres que se encontraba en el amplio salón era humano, así que aunque Sandra adaptó sus sentidos a la velocidad sobrehumana a la que se movía, le dió la sensación de que no lo había hecho, con los deformes poseídos, su maestro y los amigos de éste moviendose a la misma velocidad que ella. Se corrigió, todos menos Escofel, el guardián se movía sensiblemente más rápido que todos los demás y con una gracilidad asombrosa.

Con un fluído movimiento golpeó a ambos lados y completó la complicada filigrana atravesando la garganta del poseído que tenía justo delante, mientras las cabezas de los que intentaban atacarle por los flancos caían a camara lenta. En un solo movimiento sacó la espada en llamas del cadáver y golpeó con el codo al poseído que saltaba sobre su espalda, cuya cabeza sonó como un coco al romperse.

- Demasiado fácil

Escofel no había terminado de decir estas palabras, decapitando
distraidamente al poseido que aún intentaba levantarse del suelo tras el impacto de la puerta, cuando sintieron como toda la estructura del edificio vibraba. Antes de que Sandra pudiese reccionar, Kirenel la agarró con fuerza y se elevó desplegando sus alas de luz, en tanto que la sanadora hacía lo propio extendiendo un par de elegantes alas blancas. Mientras atravesaban el techo y ascendían a toda velocidad, la vibración de la estructura desembocó en una brutal explosión que engulló el edificio. Sandra pudo ver como Escofel trataba de ascender, pero varios seres como los que acababa de eliminar saltaban sobre el impidiendoselo y desapareciendo todos en medio de la conflagración.

Contuvo el aliento.

- Escofel...

- Tranquila jovencita, hace falta mucho más que eso para acabar con un Cataphractoi. Ahora debemos preocuparnos de cómo nos han encontrado esos miserables y cómo es posible que hallan burlado las defensas de T'ann.

Ambos dirigieron su vista hacia la sanadora que volaba cerca de ellos con expresion pensativa y preocupada. Comenzó a hablar pero las palabras murieron en su boca al mismo tiempo que los tres miraban hacia abajo, donde una nube de seres, que se podrían describir como una cabeza humana de enormes colmillos con grandes alas de insecto a cada lado, se acercaba a ellos desde las llamas de la explosión. Atravesando la maraña de abominaciones Sandra vio ascender una figura de color metálico, que se dirigia a ellos a toda velocidad. Cuando emergió del enjambre reconoció la figura de Escofel, aunque ahora su piel y alas tenían aspecto metálico, brillando como si fuesen de acero pulido.

El Cataphractoi golpeaba frenéticamente y las cabezas caían envueltas en llamas por docenas . Algunas intentaban morderle, pero su piel no parecía ser metálica solo en aspecto y los negros colmillos no llegaban a mellarla siquiera. Unos pocos de aquellos seres esquivaron a Escofel y se dirigieron hacia ellos tres; sujetando a Sandra con una sola mano Kirenel sacó un desmadejado cordón de unos dos metros y lo extendió mientras comenzaba a brillar, el látigo de luz restallaba y con cada golpe una cabeza caía hacia las llamas que se extendían por el miserable barrio como si las casas fuesen de papel.

Una sola abominación superó el alcance del látigo del Moloqai y se abalanzó sobre el mordiendo salvajemente el brazo con el que sujetaba a Sandra.

Comenzó a caer, pasando al lado de Escofel, que destruía las últimas cabezas que quedaban. Kirenel golpeó a la abominación que tenia las mandíbulas apresando su antebrazo, haciendo añicos el cráneo de la criatura. Se lanzó en pos de su pupila, temiendo que no estuviese preparada para desplegar sus alas.

Sandra vió en la orilla de un pequeño canal que había actuado como cortafuegos a un hombre que contemplaba la escena y deseó poder estar viendolo todo desde una posición tan cómoda. Notó un fogonazo bajo ella y se golpeó dolorosamente contra el asfalto, a escasos metros de aquel hombre. Naraal dejó al muchacho
inconsciente que llevaba en brazos en el suelo y se acercó sonriente a Sandra, agachandose junto a ella.

- ¿Se puede saber cómo demonios has hecho eso?

lunes, 7 de abril de 2008

Historias

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Renacimiento
Comienza la caza

Instinto
Traiciones

Llevaban ya una media hora en el coche. Kirenel no le había dicho a dónde iban, pero a esas horas el centro de la ciudad era un caos fueses a donde fueses. Llegaron a una barriada marginal, la pobreza de sus habitantes contrastaba con los elegantes coches de los narcotraficantes.


Aparcaron junto a un edificio construido con ladrillos de miseria y desesperanza como argamasa, como todos los de ese barrio, y continuaron a pie, el coche que habían tomado prestado era lo bastante viejo como para pasar desapercibido en aquel entorno.

Tras recorrer un par de calles angostas y malolientes entraron en un portal con las paredes repletas de grafittis y el suelo de basura, jeringuillas e ilusiones. Nada más entrar les salió al paso un hombre de aspecto corpulento y cara de pocos amigos. Tenía la cabeza rapada y el cuello cubierto de tatuajes, pero no se podía ver más por la capa que cubría su cuerpo de los hombros hasta cerca de los tobillos. Semejante atuendo desentonaba enormemente en lo que parecía un pandillero, sobre todo porque parecía hecha de plumón negro. Kirenel levanto la mano con la palma en dirección al desconocido.

- Hola, Escofel, cuanto tiempo.

Sacando un brazo, cubierto también de tatuajes, por una abertura de su capa Escofel imitó el gesto.

- Hola Kirenel, hacía mucho que no te veíamos por aquí, ¿que te trae a nuestra puerta?

Kirenel señaló a Sandra con su pulgar derecho

- Está herida, necesitamos ver a T'anncrel.

El guardián pareció reparar en la joven por primera vez y durante unos segundos angustiosamente silenciosos la taladró con sus fríos ojos azules.

- Subid

Ascendieron dos pisos por una ruinosa escalera que apenas merecía ese nombre y llegaron ante una puerta que daba la sensación de ser más fácil de derribar que de abrir. Leyendo en la expresión de Sandra su opinión sobre la puerta, Kirenel sonrió y descargó un brutal puñetazo sobre la puerta. Un golpe así habría bastado para demoler todo aquel cuchitril, pero la puerta ni siquiera se movió un poco.

- No todo es lo que parece, pequeña.

Colocó la palma de su mano sobre la puerta y murmuró unas palabras. Su mano brilló brevemente y la puerta se abrió sin emitir ningún sonido. Entraron en una pequeña casa repleta de objetos y muebles de estilo árabe y una voz les llegó desde una habitación del fondo.

- Kirenel, ¿siempre tienes que intentar derribar mi puerta para impresionar a quien traes? Algún día la romperás y tendrás que ponerme otra.

Una mujer de unos cuarenta años de rasgos atractivos atravesó la puerta sonriendo, llevaba una capa de plumón similar a la del que les había recibido en la puerta, pero blancas como la nieve.

- T'anncrel, sabes que no podría aunque quisiera...

Se abrazaron efusivamente y ella dio un paso atrás, observando al moloqai

- Hacía un siglo que no nos veíamos, veo que te conservas bastante bien.

- Hago lo que puedo, dieta sana, un poco de ejercicio...

Ambos rieron brevemente, en el poco tiempo que llevaba con su maestro, Sandra no le había visto nunca tan alegre y distendido, se notaba que conocía a aquella hermosa mujer desde hacía mucho tiempo. Se sobresaltó un poco cuando en ese mismo momento la mujer miró directamente hacia ella.

- ¿No me presentas a tu amiga? Parece un poco joven para tí...

- Es una de ellos, T'ann, lo conseguí, les encontré.

El gesto de la mujer se volvió completamente serio y volvió a mirar hacia Sandra mucho más intensamente, hasta el punto de que se sintió desnuda ante el minucioso escrutinio.

- Increíble... Así que al final lo lograste...

La expresión de la mujer cambió de nuevo radicalmente, mostrando ahora una honda ternura.

- ¡Pero si estas herida! Ven conmigo cariño, nos ocuparemos de eso inmediatamente.

Pasaron a la habitación del fondo y T'anncrel le indicó que se quitase la camiseta y se tumbase en una camilla. La sanadora observó la herida, que tenia un aspecto purulento y malsano.

- Este mordisco ya habría matado a un humano, sin duda eres fuerte, como lo eran todos los moloqai

Las últimas palabras las pronunció con melancolía, pero agitó brevemente la cabeza para salir de su ensimismamiento. Colocó junto a la camilla una mesita con varios útiles quirúrgicos de plata y algunos cuencos con ungüentos de diversos aspectos.

- Supongo que pensarías que iba a colocar mis manos sobre la herida y que ésta sanaría ¿no? Eso, por desgracia, solo es un mito. Tranquila, yo me encargaré de que no te duela. Quizá te apetezca oír una historia mientras tanto ¿eh?

Sandra asintió, prefería distraerse de todos esos objetos afilados, no creía que esta gente utilizase anestesia.

- ¡Estupendo! Te contaré entonces lo que sucedió después de que los Un-Mann separasen el mundo en tres esferas para acabar con la guerra...

"Cuando la noticia del asesinato de los moloqai llegó a los dirigentes de los Un-Mann, estos decidieron llevar a cabo su plan de emergencia, conscientes de que la guerra se volvería a estancar y el mundo jamás conocería la paz.

Utilizando sus conocimientos sobre el viaje entre mundos, habían modificado las enormes edificaciones que utilizaban para viajar, de forma que al activarlas todas a la vez dividieron este mundo, separando la luz y la oscuridad de él. En ese momento, tanto los seres de la luz como los servidores de las tinieblas fuimos arrastrados a esas esferas paralelas, por lo que realmente ignoramos qué sucedió después.

Tardamos siglos en encontrar los portales y aprender a utilizarlos. Y cuando fuimos a cruzarlos nos topamos con los Guardianes, algunos de los más poderosos Un-Mann que se habían quedado en el espacio que unía las tres esferas para actuar como centinelas.

Para nuestra sorpresa no nos impidieron el paso, sino que solicitaron que enviásemos unos pocos representantes para una reunión. Acudimos y también estaba presente una pequeña delegación de las tinieblas. Los Guardianes nos dijeron que algo había afectado a los suyos, algo a lo que llamaban las Plagas, y que su pueblo había degenerado y agonizaba. Creían que era necesario que algo de luz y oscuridad se filtrase a través de los portales para detener aquel proceso degenerativo. A cambio, nos ofrecieron la posibilidad de utilizar aquellos portales para viajar entre las esferas con algunas condiciones. No estaría permitido reanudar la guerra a ninguna escala y los nuestros sólo podrían pasar una cantidad limitada de tiempo en este mundo.

Aceptamos y cuando los primeros de nosotros cruzamos los portales nos encontramos con un mundo asolado, poblado por humanos, tristes sombras de los poderosos y orgullosos Un-Mann.

Comprendimos que íbamos a necesitar mucho más tiempo que el breve lapso que se nos permitía permanecer en esta esfera. Finalmente y tras arduas negociaciones, accedieron, aunque el precio era no no poder regresar jamás a nuestra esfera. Como puedes ver, aceptamos"

La mujer sonrió y terminó de colocar el vendaje sobre el hombro de Sandra.

- Bueno, esto ya está. Procura no hacer ningún movimiento brusco durante un par de días

Sandra no salía de su asombro, ni siquiera había notado que T'anncrel se estuviese moviendo. Iba a preguntar, cuando notó que tanto la sanadora como su maestro se ponían en tensión mirando hacia la puerta. Expandió sus sentidos y notó la amenaza justo un instante antes de que seis hombres de aspecto deforme se materializasen en medio de la sala. Les faltaba la mandíbula y de su garganta surgía un asqueroso apéndice parecido a una serpiente rosada que acababa en una abertura coronada de afilados colmillos que rezumaban una sustancia negra y viscosa.

Antes de que ninguno de los presentes pudiese reaccionar, la puerta salió volando hacia el interior de la casa, seccionándole la cabeza a uno de los seres y tumbando a otro. Escofel atravesó el umbral, desplegando su capa en dos grandes alas negras y dejando ver un torso cubierto de tatuajes y la espada llameante que portaba.

Dedicado a la fan Nº1 de los cachas tatuados de orientación sexual dudosa :P

miércoles, 2 de abril de 2008

Traiciones

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Renacimiento
Comienza la caza

Instinto

Observaba desde la azotea de un edificio cercano como el hombre de pelo largo y canoso sacaba a la muchacha del callejón, parecía herida pero no gravemente, por lo menos no para uno de ellos. Sabía lo que eran ellos dos, por supuesto, aunque el alma de la chica emitía una luz extraña.

Un escalofrío le recorrió la espalda, no sabía que sentir ante las noticias del regreso de los Moloqai, para él hacía mucho que se había terminado la certeza, ni siquiera estaba seguro de su papel en este mundo. Sus pensamientos se detuvieron en seco cuando captó un sonido familiar, un sollozo lastimero, el que emite alguien que sabe que su fin está cerca y es inevitable.

Moviéndose a una velocidad cegadora saltó a la azotea del edificio de al lado, concentrándose en la procedencia de los lamentos. Llevaba un abrigo de recio cuero negro que le llegaba hasta los tobillos y vestía ropas oscuras, cualquiera que le viese le tomaría por un joven gótico dada también la palidez de su piel. Cualquiera que no le viese saltar de azotea en azotea corriendo a una velocidad sobrehumana, claro.

En apenas un par de minutos había llegado a su objetivo, se asomó para ver en un oscuro callejón a un chaval sentado con la espalda contra un rincón lleno de basura, con la mirada fija en el ser q se le acercaba lentamente, bebiendo cada gota del terror que destilaba. Tenía vaga apariencia humanoide, pero su boca era más grande de lo normal y además también se abría verticalmente hasta la mitad a de su torso, mostrando unos colmillos descomunales. El humano estaba aterrorizado, pero Naraal no, había visto demasiadas cosas para que una simple sanguijuela le asustase.

Saltando de pared a pared del callejón, cayó entre el monstruo y su presa, incorporándose con una sonrisa.

- Hola, creo que hoy te voy a fastidiar la cena.

El deforme ser siseó y su descomunal boca rezumó una malsana baba amarillenta. Estudió a Naraal durante unos segundos y después esbozó una mueca similar a una sonrisa.

- ¿Que tenemos aquí? ¿Un defensor de los débiles? ¡He seguido las normas! ¡No tienes ningún derecho a interponerte en mi camino! ¡¡No es más que ganado, un ser inferior!!

Rugió y avanzó un par de pasos hacia el, abriendo y cerrando su desproporcionada boca.

- No necesito permiso para interponerme en tu camino.

Las pupilas de Naraal se extendieron, convirtiendo sus ojos en dos esferas negras y sus uñas crecieron, formando unas largas garras

- No me importan esas normas que mencionas.

En menos de un parpadeo Naraal tenía su frente apoyada en la del monstruo, mirándole a los ojos, y las manos clavadas hasta las muñecas en sus costados.

- Y no es una cuestión de inferioridad, sino de justicia.

Dejó caer el cadáver y se volvió hacia el joven, se había desmayado. Iba a marcharse cuando notó un movimiento, se volvió de nuevo y vio que el chaval había vuelto en sí.
Examinó su alma y reconoció aquella extraña luz, se acercó hacia el y se agachó a su lado.

- Vaya, espero no cogerle demasiado gusto a hacer esto, se esta convirtiendo en un hábito

De un fuerte golpe, dejó inconsciente al asustado muchacho.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Instinto

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Renacimiento
Comienza la caza


Continuó andando por calles estrechas y sucias, apoyándose en las paredes, con el sabor del vómito nublado sus sentidos y el del remordimiento su alma. Trataba de sobreponerse a sus prejuicios, se repetía que ya no era humana si no algo superior, y que había destruido a un monstruo demoníaco. Pero las nauseas no cesaban.


De improvisto todo se detiene. Sus sentidos, llevados por un impulso reflejo, se expanden abarcando toda la calle, una rata hurgando entre los cubos de basura de su izquierda, una araña tejiendo su tela en un recoveco a su derecha y, a unos veinte metros de distancia, los que habían disparado sus instintos. Son tres, dos a su espalda y otro agazapado detrás de una destartalada lavadora abandonada junto a la entrada de un callejón.

Toda esta información llega a su cerebro en dos inspiraciones, al comenzar la tercera un torrente de energía invade su cuerpo, impulsándose a una velocidad cegadora hacia delante. Pasa junto a los cubos de basura, mientras la rata reacciona a cámara lenta, coge la tapa de uno de los cubos y avanza durante otra inspiración hacia el callejón. Siente un inicio de movimiento detrás de la lavadora y la tapa metálica sale volando de su mano izquierda como un cañonazo, impactando con una campanada contra la cabeza del chaval que surgía de su escondrijo tras el electrodoméstico.

Dos inspiraciones más, la cabeza del poseído golpea contra el suelo mientras la tapa del cubo rebota en el asfalto, Sandra ya casi ha llegado a la entrada del callejón, en su mano derecha su lima refulge y se agranda. Coge aire de nuevo y se lanza rodando hacia el callejón en el preciso instante en el que otro de los poseídos salta sobre ella, tratando de agarrarla.

Se incorpora, pero al hacerlo nota un agudo dolor en el tobillo y un crujido. De pronto todo parece acelerarse, oye el ruido metálico de la tapa contra el suelo y el crujido húmedo de la cara del segundo atacante impactando contra la esquina del callejón, se vuelve a tiempo para ver un borrón abalanzarse hacia ella. Trata de esquivarlo pero le es imposible, rota la concentración que aumentaba su velocidad, nota una hilera de afilados dientes clavarse en su hombro derecho y un latigazo de dolor sacude su columna vertebral sacándola de su aturdimiento. Todo vuelve a moverse a cámara lenta, se lanza contra la pared de su derecha con el hombro por delante, se escucha el sonido de una sandía golpeando contra la pared y la presión de los dientes sobre su hombro se afloja. Sin detener su movimiento, pega la espalda a la pared aprovechando el impulso para lanzar su maltrecho brazo hacia la entrada del callejón. Ve como su daga de luz atraviesa la cabeza del primer atacante que se abalanzaba de nuevo hacia ella.

Sólo queda uno, Sandra le mira desafiante y él saca un cuchillo de monte. Con una velocidad cegadora la chica clava sus manos en el pecho del cadáver que tiene al lado y las saca con un sonoro crujido. En cada una tiene una ensangrentada costilla convirtiéndose en dagas de luz. No le deja tiempo para pensar y avanza hacia él mientras el poseído decide darse la vuelta y huir, un agudo dolor recuerda a Sandra que no va poder alcanzarle y el chaval desaparece en la oscura calle.

El tiempo vuelve a su ritmo normal y cae de rodillas, extenuada. En la calle por la que ha huido el poseído se oye un suave silbido y algo rebotar, por delante de la boca del callejón pasa rodando la cabeza del demonio. Tranquilamente, sonriendo, Kirenel entra en el callejón.

- Muy bien, te felicito jovencita, necesitas pulir un poco el que no te sigan los compinches de tu objetivo, pero has resuelto la papeleta bastante bien.

Enarcando una ceja mira a las costillas que Sandra aún sujeta con fuerza.

- Bastante creativo. Bueno, vamos a que te vean esas heridas, no queremos que nos encuentren en medio de este estropicio…

lunes, 17 de marzo de 2008

Comienza la caza

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Renacimiento


La música a todo volumen, el ambiente asfixiante por el humo del tabaco y el sudor, la oscuridad sólo interrumpida por luces frenéticas y cegadoras y la gran cantidad de gente que se apiñaba en aquella discoteca convertían el local en el refugio perfecto para el ser que buscaba Sandra.


Kirenel, el último de los Moloqai, al que tomó por un mendigo cuando lo vio por primera vez y que se había convertido en su maestro, le había enseñado muchas cosas en el poco tiempo que llevaba adiestrándola. Sandra ahora apenas necesitaba descansar unas pocas horas diarias, lo que era muy útil para poder mantener aquella doble vida de adolescente por el día y ángel renacido por la noche. También habían mejorado tremendamente su forma física y sus sentidos. Lo último que había aprendido, y se disponía a probar esa misma noche, era a leer las almas de los demás. Para Sandra de cada persona a la que miraba surgía una especie de emanación luminosa que revelaba las características del alma de ese individuo.

Tras casi una hora estudiando disimuladamente a los presentes, bailando, flirteando y esquivando babosos, le vio. Era muy joven, no llegaría a los dieciocho años, su aspecto tímido y su mirada encantadora señalándole más como un querubín que como un ser de las tinieblas. Pero el alma no es tan fácil de maquillar como el aspecto físico, y la de aquel jovencito supuraba negra y enfermiza.

No le costó mucho acercarse a su presa y poco después ya estaban bailando. Además de ser atractivo tenía una personalidad magnética y una sonrisa que hechizaba. Tan solo una hora después, ambos se besaban apasionadamente en un rincón del atestado local, consumidos por una pasión irrefrenable. Sandra se dejó llevar y no tardaron mucho en entrar a trompicones en uno de los retretes del baño de señoras, sin parar de besarse se arrancaron la ropa, momento en el cual el rostro perfecto del joven se desfiguró en una sonrisa imposible que le llegaba literalmente de oreja a oreja decorada con una hilera de dientes puntiagudos y afiladísimos.

La expresión del ser delató su sorpresa cuando Sandra no solo no se asustó ni intentó huir, sino que aferró la garganta del demonio con su mano izquierda. Vió como en los ojos del joven se dibujaba lentamente una mirada de terror al darse cuenta de que la mano de la chica ejercía una fuerza muy superior a la que cabría esperar de ella. Forcejearon, Sandra colocó algo frente a los ojos del demonio, una lima metálica. El ser de las tinieblas no entendía nada hasta que la lima comenzó a brillar convirtiéndose en una daga de pura luz. Quiso gritar, pero el arma le atravesó la cabeza de lado a lado.

Salió del baño y se dirigió directamente a la salida, no quería estar por allí cuando alguien encontrarse el cuerpo carbonizado de aquel muchacho. Sabía que el humano que fue llevaba mucho tiempo muerto, y que incluso puede que accediese voluntariamente a ser poseído, pero no podía dejar de pensar que acababa de degollar y después incinerar a una persona. Cuando consideró que se había alejado lo suficiente, se apoyó en una pared junto a unos contenedores de basura y vomitó. Quizá ser una luchadora de la luz no era lo que ella había imaginado.

Siguió andando, sin notar que desde las sombras de un callejón, dos jóvenes la observaban.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Renacimiento

"Ahora si que la he cagado bien". Era lo único que Sandra podía pensar mientras recorría las oscuras calles del miserable barrio periférico, con el miedo marcado en cada una de sus hermosas facciones. La había cagado quedando con Diego, la había cagado dejando que la llevase a casa en coche, la había cagado no reaccionando cuando en lugar de dirigirse a su casa la llevó al polígono y la había cagado del todo bajándose del coche cuando quiso propasarse con ella. Ahora caminaba sola de noche por uno de los peores barrios de la ciudad, y se había perdido.

Siguió andando envarada, mirando hacia todos lados como un cervatillo recorriendo la guarida del lobo. Se oyeron ruidos saliendo de un callejón un poco más adelante de donde llegaba Sandra, que dio un respingo y se quedó paralizada cuando del callejón salió tambaleándose un hombre canoso vestido con un abrigo sucio y raído. El borracho pareció reparar en ella y comenzó a caminar en si dirección, el miedo la tenía paralizada pero reaccionó al sentir que algo se abalanzaba sobre su espalda. Se giró, pero demasiado tarde, antes de poder ver a su atacante notó un golpe en la nuca y todo se volvió negro.

Estaba en una playa, con el ruido del mar de fondo y el agua salpicándola en la cara, pero no podía abrir los ojos y notaba un terrible dolor de cabeza. Poco a poco, y con gran esfuerzo, su consciencia reconstruyó el puzzle de sus últimos recuerdos. El gilipollas de Diego, el polígono, las calles oscuras, el borracho del callejón, ¡la figura tras su espalda! Se incorporó de golpe y todo comenzó a darle vueltas, cuando pudo fijarse en lo que tenía alrededor vio q se encontraba en una especie de chabola, tenia la cara mojada y de fondo se oía el suave ronroneo de un motor. Dio un respingo cuando por el hueco que hacía las veces de puerta entró el borracho del callejón. Instintivamente se cubrió con la sucia colcha que la tapaba, aunque estaba completamente vestida, temblaba visiblemente y las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.

- Tranquila, tranquila. No deberías andar a esas horas por ese barrio, pequeña, es peligroso.

Había algo en la voz de aquel hombre que resultaba tranquilizador, era grave pero melodiosa y agradable. Rondaría los 50 años con el pelo cano y largo sujeto en una coleta. Si no fuese por el miedo que tenía y la mugre, Sandra lo habría encontrado atractivo. Poco a poco se fue calmando y sintió que la angustia dejaba de atenazar su corazón.

- Déjame que te cuente una historia, así te relajaras y olvidaras el mal trago de antes.

Sonrió y aquella sonrisa iluminó el alma de la chica que asintió como una niña pequeña a la que le preguntan si quiere escuchar un cuento. El hombre se aclaró la garganta y comenzó.

"Voy a contarte una trágica historia, una historia de tiempos en los que los hombres ni siquiera recorrían la Tierra. Hace muchos siglos, este mundo estaba poblado por dos facciones irreconciliables que lucharon sin descanso durante miles de años. Unos eran seguidores de la luz, amantes de la vida y de la justicia, vosotros habéis recibido su deformado recuerdo bajo la denominación de ángeles. Los otros, como tu mirada delata, ya imaginarás que eran su contrario, sirvientes de la oscuridad y la vileza, recordados en estos tiempos como demonios.

Era una guerra vacua, pues ninguno de los dos bandos tenía una ventaja clara sobre el otro. Hasta que entró en escena el factor que podía desequilibrar la balanza. A través de inmensos portales una civilización venida de otras realidades llegó a este mundo e inmediatamente fue abordada por enviados de ambos bandos para intentar ganar a los recién llegados para su causa. Tras escuchar a los embajadores, los dirigentes de este pueblo que se hacían llamar Un-mann llegaron a la conclusión de que el bando de las tinieblas era enemigo de todo lo vivo y, por extensión, su enemigo.

La fuerzas combinadas de la luz y de los Un-mann comenzaron a derrotar a la oscuridad en todos los frentes, y en primera línea de batalla estaban siempre los Moloqai, los mejores guerreros de la luz. Sus alas, a diferencia de las del resto de sus hermanos, estaban compuestas de pura luz y pocos podían enfrentárseles en el campo de batalla.

Pero la oscuridad aún tenía una última carta que jugar, buscó al más débil y vanidoso entre los Moloqai y llenó sus oídos de alabanzas y mentiras sobre sus hermanos. Este miserable, cuyo nombre se olvidó hace mucho, convocó a todos los suyos a una asamblea, algo normal entre los Moloqai pues su número era relativamente reducido, y una vez allí fueron atacados y masacrados por las fuerzas de la sombra. Como recompensa, el traidor fue convertido en un poderoso ser de oscuridad que como una burla a la memoria de sus hermanos tomó el nombre de Moloch.

Sólo uno de los Moloqai había sobrevivido, ya que se encontraba el día de la asamblea fatídica en medio de una importante batalla que no pudo abandonar. Al oír las noticias de la traición de Moloch, este superviviente quiso ir a buscar al traidor pero entonces algo cambió para siempre este mundo. Los Un-Mann, entendiendo que la caída de los Moloqai estancaría de nuevo la guerra en una lucha eterna, utilizaron sus conocimientos sobre el viaje entre mundos para separar este en tres. La Tierra quedó entre los otros dos, sirviendo como nexo y hogar de los Un-Mann, otro lo conocéis como el Cielo y es el hogar de las fuerzas de la luz y por último en lo que denomináis Infierno habitan los servidores de las tinieblas.

Existen portales que el que sepa puede utilizar para viajar de un mundo a otro y así la guerra ha continuado, pero de una forma discreta y sutil, hasta el día de hoy. Pero recientemente se ha descubierto que las almas de los Moloqai sobrevivieron a su asesinato, quedando atrapadas en este mundo, aletargadas en el interior de algunos Un-Mann y después en sus descendientes, los humanos."

Sandra escuchaba absorta, sabiendo de alguna forma que aquello no era la fantasía de un demente o un cuento ficticio. El hombre permaneció unos segundos con la mirada perdida y después la miró intensamente.

- Ahora solo nos queda descubrir cómo despertar esa alma.

De pronto entendió lo que quería decir aquel misterioso hombre.

- Pero yo no.. yo no soy... yo no puedo ser...

- Oh, claro que si, créeme cuando te digo que no me equivoco en esto.

El hombre se levantó de la caja en la que se había sentado y al hacerlo Sandra notó algo extraño en sus ojos, sus pupilas ya no eran negras, sino doradas.

- Llevo demasiado tiempo solo.

Sandra dio un respingo cuando dos enormes alas de luz surgieron en la espalda del supuesto mendigo.