lunes, 17 de marzo de 2008

Comienza la caza

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Renacimiento


La música a todo volumen, el ambiente asfixiante por el humo del tabaco y el sudor, la oscuridad sólo interrumpida por luces frenéticas y cegadoras y la gran cantidad de gente que se apiñaba en aquella discoteca convertían el local en el refugio perfecto para el ser que buscaba Sandra.


Kirenel, el último de los Moloqai, al que tomó por un mendigo cuando lo vio por primera vez y que se había convertido en su maestro, le había enseñado muchas cosas en el poco tiempo que llevaba adiestrándola. Sandra ahora apenas necesitaba descansar unas pocas horas diarias, lo que era muy útil para poder mantener aquella doble vida de adolescente por el día y ángel renacido por la noche. También habían mejorado tremendamente su forma física y sus sentidos. Lo último que había aprendido, y se disponía a probar esa misma noche, era a leer las almas de los demás. Para Sandra de cada persona a la que miraba surgía una especie de emanación luminosa que revelaba las características del alma de ese individuo.

Tras casi una hora estudiando disimuladamente a los presentes, bailando, flirteando y esquivando babosos, le vio. Era muy joven, no llegaría a los dieciocho años, su aspecto tímido y su mirada encantadora señalándole más como un querubín que como un ser de las tinieblas. Pero el alma no es tan fácil de maquillar como el aspecto físico, y la de aquel jovencito supuraba negra y enfermiza.

No le costó mucho acercarse a su presa y poco después ya estaban bailando. Además de ser atractivo tenía una personalidad magnética y una sonrisa que hechizaba. Tan solo una hora después, ambos se besaban apasionadamente en un rincón del atestado local, consumidos por una pasión irrefrenable. Sandra se dejó llevar y no tardaron mucho en entrar a trompicones en uno de los retretes del baño de señoras, sin parar de besarse se arrancaron la ropa, momento en el cual el rostro perfecto del joven se desfiguró en una sonrisa imposible que le llegaba literalmente de oreja a oreja decorada con una hilera de dientes puntiagudos y afiladísimos.

La expresión del ser delató su sorpresa cuando Sandra no solo no se asustó ni intentó huir, sino que aferró la garganta del demonio con su mano izquierda. Vió como en los ojos del joven se dibujaba lentamente una mirada de terror al darse cuenta de que la mano de la chica ejercía una fuerza muy superior a la que cabría esperar de ella. Forcejearon, Sandra colocó algo frente a los ojos del demonio, una lima metálica. El ser de las tinieblas no entendía nada hasta que la lima comenzó a brillar convirtiéndose en una daga de pura luz. Quiso gritar, pero el arma le atravesó la cabeza de lado a lado.

Salió del baño y se dirigió directamente a la salida, no quería estar por allí cuando alguien encontrarse el cuerpo carbonizado de aquel muchacho. Sabía que el humano que fue llevaba mucho tiempo muerto, y que incluso puede que accediese voluntariamente a ser poseído, pero no podía dejar de pensar que acababa de degollar y después incinerar a una persona. Cuando consideró que se había alejado lo suficiente, se apoyó en una pared junto a unos contenedores de basura y vomitó. Quizá ser una luchadora de la luz no era lo que ella había imaginado.

Siguió andando, sin notar que desde las sombras de un callejón, dos jóvenes la observaban.

2 comentarios:

Laura dijo...

ayyyy q tensión...no puede acabar así!! cuentanos más!!!

x cierto curiosa forma de atrapar un demonio... :p

Naru dijo...

mmm... a quién buscaba Sandra??...sonrisa que hechizaba con dientes puntiagudos??uy que raro!!
los jóvenes porqué la observaban???
jejeje, que preguntona soy:P
ciau