martes, 26 de febrero de 2008

Soberbia

Érase una vez un noble muy muy rico al que le encantaba contemplarse en un espejo, y la verdad es que era muy bello. Pero hacía tiempo que ya no era feliz, se había dado cuenta de que no sería bello eternamente, de que cuando empezase a envejecer su negro cabello se volvería gris, su perfecto rostro se plagaría de arrugas y el brillo de sus verdes ojos se apagaría.

Angustiado por estos pensamientos, anunció que al artista que consiguiese retratar su belleza de forma perfecta lo cubriría de riquezas inimaginables. Durante meses, decenas de pintores, escultores e incluso poetas probaron suerte, resultando todos ellos expulsados de la mansión del enfurecido noble al no conseguir reflejar la perfecta imagen que éste tenía de sí mismo.

Había pasado un año y ya no llegaban nuevos artistas para retratar al noble. Desesperado, pasaba el día llorando su desgracia y la noche maldiciendo y suplicando a Dios y Diablo un milagro. Tan angustiado estaba por su desgracia que incluso había dejado de contemplarse en los espejos, temeroso de encontrar una cana o arruga anunciando el principio de su debacle.

Una noche, alguien llamó al enorme portalón de la mansión. En su estado casi demente, el noble bajó corriendo y abrió el mismo la puerta, encontrándose en ella a un hombre de aspecto juvenil y alegre que se le presentó como Reginaldo, afamado pintor venido de lejanas tierras, y declaró su intención de retratar a tan apuesto caballero.

El noble, desesperado por inmortalizar su belleza, invitó a pasar al pintor y pidió empezar en ese mismo momento. El artista preparó sus herramientas y el lienzo que le trajo un somnoliento mayordomo y, cuando el noble estuvo vestido en condiciones, se dispuso a comenzar.

Pasó toda la noche trabajando, pintando a una velocidad frenética, con la ansiedad del noble creciendo más y más. Con los primeros rayos del amanecer, el pintor se apartó del lienzo y admiró su obra.

- He terminado.

El noble se abalanzó sobre el lienzo, deseoso de contemplarse inmortalizado en toda su hermosura. Sin embargo cuando miró hacia el cuadro el ser que le devolvió la mirada hizo que la sangre se helase en sus venas. Era un hombre demacrado, con grandes ojeras, una melena enmarañada de color ceniza y los ojos enrojecidos e hinchados.

- ¿Que clase de insulto es este, miserable? - Grito hacia el artista mientras desenvainaba una espada de una de las panoplias de la pared - PAGARÁS ESTA AFRENTA.

Cuando se abalanzaba hacia el pintor, éste se apartó descubriendo el espejo de cuerpo entero que tenia detrás de el.

- Esto es sólo lo que tú te has buscado por tu soberbia.

El noble se quedó sin aliento al contemplar cuan fiel era el retrato que le acababan de hacer. Su rostro se contrajo en una máscara de furia, empeorando aún más su deforme aspecto. Se oyó un grito desgarrado y varios sirvientes entraron en el salón, donde encontraron al joven pintor que les entregó un detallado retrato de su señor

- Sirva este retrato para recordar a los habitantes de esta casa que es mejor disfrutar de la belleza que malgastarla tratando de que dure para siempre.

Recogieron el cuadro y solo entonces se percataron de que su señor yacía frente a un espejo, empuñando una espada que le atravesaba el corazón y de que el joven había desaparecido.

5 comentarios:

Javi dijo...

Inspirado e incluso parcialmente copiado de El Retrato de Dorian Grey, una gran obra que recomiendo leer...

Naru dijo...

El final un poco triste, pero con moraleja:)
Un beso

Laura dijo...

Me ha gustado mucho, además yo tengo el mismo problema, siempre salgo mal en las fotos...jejeje vale no es lo mismo...:P
En serio, el cuento me ha gustado mucho, pero no he leido El Retrato de Dorian Grey :(
(si lo tienes déjamelo...)

Javi dijo...

Es triste dejarse consumir por una obsesión...

Tengo el Retrato de Dorian Gray, pero lo tengo sólo en inglés :P (joer, que snob me ha quedado :P)

Laura dijo...

Don´t worry, mejor en inglés q me viene bien para practicar...