Uf, si que hacía tiempo que no escribía aquí :P
Como ya sabreis la mayoría, desde hace un par de años tengo abierta una tienda de miniaturas, juegos de rol y de tablero online junto con Dani. No es algo con lo que nos vayamos a forrar pero me hace bastante ilusión tener un negocio así.
Aprovecho que hace poquito que la hemos renovado completamente para poneros un enlace a la misma (lo que se denomina habitualmente autobombo :P )
Frikitorium
martes, 6 de noviembre de 2012
martes, 13 de julio de 2010
Nuevos aires
Bueno, con motivo de los premios 20blogs he decidido volver a actualizar el blog, a ver si poco a poco me vuelve una inspiración regular :P
martes, 29 de septiembre de 2009
Miau
Allí estaban, vagos, zalameros. Malignos. Animales demoníacos.
Su misión podía parecer simple, pero desde que había aprendido lo que eran en realidad aquellas criaturas, masacrar a una docena de gatitos ya no le parecía un juego de niños. Pero el Padre Tomás le había encomendado aquella tarea para probar su fe y perseverancia, aquellas criaturas del Diablo, compañeros de brujas, tenían que ser eliminadas antes de poder crecer lo suficiente como para desarrollar sus depravados poderes. Se detuvo a unos veinte metros, no quería alertar a sus presas, con un ligero temblor en sus manos encendió el trapo que salía de dos botellas cargadas de fuego purificador y las arrojó al pequeño patio donde jugaban los gatos.
Comenzó a correr antes siquiera de oír el ruido de las botellas rompiéndose, azuzado por el terror que crecía en su corazón. En cada rincón oscuro le parecía ver unos ojos brillantes o una sombra silenciosa, el Padre Tomás le había advertido de que su misión podría costarle la vida, pero que eso era preferible a ser capturado por sus satánicos adversarios. Sabía que sus pulmones no daban más de sí, que su corazón no soportaría por más tiempo el ritmo que retumbaba en sus sienes y que, cuando cayese exhausto, debería poner fin a su vida con el cuchillo que el Padre Tomás le había dado.
Al girar una estrecha callejuela resbaló en un charco de inmundicias y cayó de bruces, el cuchillo que empuñaba rebotó varias veces contra el asfalto. Se arrastró lo más deprisa que pudo para intentar recogerlo pero sus músculos se congelaron al notar que algo corría sobre su espalda. Con un grácil salto, un gato negro se colocó delante de su cara, mirándole a los ojos. El suave ronroneo del animal acunó su mente, ahora en paz, y cayó en un profundo sueño.
El Padre Tomás esperaba impaciente en la sacristía, hacía ya varias horas que su hombre había salido y aún no había recibido noticias suyas. Se sobresaltó ligeramente cuando llamaron a la puerta, se tomó su tiempo para abrir una rendija, con el cañón de su escopeta apoyado contra la puerta. Sonrió al ver que su nuevo pupilo había regresado sano y salvo. Se disponía a quitar la cadena de la puerta cuando notó algo raro, el rostro de aquel hombre ya no era un cuadro de miedo, angustia e ira. Estaba en paz.
Antes de que pudiese reaccionar, un gato negro saltó al hombro de su pupilo, clavando su mirada en la del asustado sacerdote. Sus músculos se petrificaron mientras su mente se perdía en aquellas dos pupilas impasibles. Comenzó a llorar, pero no eran lágrimas lo que brotaban de sus ojos, si no un líquido negro y viscoso. Poco a poco, aquella ponzoña salió totalmente de los ojos del sacerdote y se concentró en una esfera negra que flotaba en el aire, el gato abrió la boca y engulló la esfera como si la aspirase.
No era común que alguien le debiese la vida a su mascota, pero ese era el caso de Matías. No le había contado a nadie lo sucedido aunque la verdad es que nadie le creería, el Padre Tomás fue encontrado inconsciente en el suelo de la sacristía, aparentemente no era capaz de recordar nada de los dos últimos meses, Matías ahora veía la vida de otra forma, al igual que nunca volvería a ver con los mismo ojos al ser que ahora mismo se lamía tranquilamente la entrepierna sobre su regazo.
Su misión podía parecer simple, pero desde que había aprendido lo que eran en realidad aquellas criaturas, masacrar a una docena de gatitos ya no le parecía un juego de niños. Pero el Padre Tomás le había encomendado aquella tarea para probar su fe y perseverancia, aquellas criaturas del Diablo, compañeros de brujas, tenían que ser eliminadas antes de poder crecer lo suficiente como para desarrollar sus depravados poderes. Se detuvo a unos veinte metros, no quería alertar a sus presas, con un ligero temblor en sus manos encendió el trapo que salía de dos botellas cargadas de fuego purificador y las arrojó al pequeño patio donde jugaban los gatos.
Comenzó a correr antes siquiera de oír el ruido de las botellas rompiéndose, azuzado por el terror que crecía en su corazón. En cada rincón oscuro le parecía ver unos ojos brillantes o una sombra silenciosa, el Padre Tomás le había advertido de que su misión podría costarle la vida, pero que eso era preferible a ser capturado por sus satánicos adversarios. Sabía que sus pulmones no daban más de sí, que su corazón no soportaría por más tiempo el ritmo que retumbaba en sus sienes y que, cuando cayese exhausto, debería poner fin a su vida con el cuchillo que el Padre Tomás le había dado.
Al girar una estrecha callejuela resbaló en un charco de inmundicias y cayó de bruces, el cuchillo que empuñaba rebotó varias veces contra el asfalto. Se arrastró lo más deprisa que pudo para intentar recogerlo pero sus músculos se congelaron al notar que algo corría sobre su espalda. Con un grácil salto, un gato negro se colocó delante de su cara, mirándole a los ojos. El suave ronroneo del animal acunó su mente, ahora en paz, y cayó en un profundo sueño.
El Padre Tomás esperaba impaciente en la sacristía, hacía ya varias horas que su hombre había salido y aún no había recibido noticias suyas. Se sobresaltó ligeramente cuando llamaron a la puerta, se tomó su tiempo para abrir una rendija, con el cañón de su escopeta apoyado contra la puerta. Sonrió al ver que su nuevo pupilo había regresado sano y salvo. Se disponía a quitar la cadena de la puerta cuando notó algo raro, el rostro de aquel hombre ya no era un cuadro de miedo, angustia e ira. Estaba en paz.
Antes de que pudiese reaccionar, un gato negro saltó al hombro de su pupilo, clavando su mirada en la del asustado sacerdote. Sus músculos se petrificaron mientras su mente se perdía en aquellas dos pupilas impasibles. Comenzó a llorar, pero no eran lágrimas lo que brotaban de sus ojos, si no un líquido negro y viscoso. Poco a poco, aquella ponzoña salió totalmente de los ojos del sacerdote y se concentró en una esfera negra que flotaba en el aire, el gato abrió la boca y engulló la esfera como si la aspirase.
No era común que alguien le debiese la vida a su mascota, pero ese era el caso de Matías. No le había contado a nadie lo sucedido aunque la verdad es que nadie le creería, el Padre Tomás fue encontrado inconsciente en el suelo de la sacristía, aparentemente no era capaz de recordar nada de los dos últimos meses, Matías ahora veía la vida de otra forma, al igual que nunca volvería a ver con los mismo ojos al ser que ahora mismo se lamía tranquilamente la entrepierna sobre su regazo.
martes, 30 de junio de 2009
Inocencia
Johnny estaba muerto de miedo. Aún no había cumplido los 16 y apretaba con fuerza el mango de la pistola que le habían dado. Era su primer tiroteo, no conocía al tío de su banda al que iban a vengar, pero esos hijos de puta habían matado a uno de los suyos y eso era razón suficiente.
Esperaron durante una hora agazapados detrás de unos coches a que apareciesen, la idea era pillarlos por sorpresa y coser a tiros a tres de aquellos cabrones que solían pasar por allí. Así que cuando una docena de tíos armados hasta los dientes doblaron la esquina, Johnny ya sabía que no iba a contarlo.
Sin saber muy bien por qué, se incorporó y apuntó como pudo con su temblorosa pistola, mientras el tiempo se detenía a su alrededor. Por el rabillo del ojo le pareció ver una trenza de color azul y apretó el gatillo.
La pistola se sacudió en sus manos y un colorido colibrí salió despedido del cañón mientras una orquesta sinfónica tocaba a todo volumen en sus oídos. Vio como otro de su banda que estaba a su derecha apuntaba con una escopeta a cámara lenta y una nube de confeti multicolor llenaba el aire.
Vio a uno de ellos descargar seis mariposas irisadas de un revolver.
Una pistola disparando serpentinas.
Una trenza verde.
Una ametralladora vomitando pompas de jabón.
Todo se tornó confuso, había colores por doquier, la orquesta no paraba de tocar y Johnny se acurrucó tras el coche hundiendo la cabeza entre sus rodillas.
Lo siguiente que recordaba era a un policía levantándole y zarandeándole mientras decía algo que no podía entender. Johnny imaginó que acabaría en un reformatorio, aunque a lo mejor le podrían enviar a la cárcel, le habían pillado en el lugar del tiroteo con una pistola en las manos. No tenía ni idea, a lo mejor le encerraban para siempre en una torre custodiada por un gigante. Tardó un poco en darse cuenta de que este último pensamiento había cruzado su imaginación de verdad, y le había parecido aterradoramente posible.
La prensa se hizo eco ampliamente de la noticia, no tanto por los quince muertos y seis heridos del tiroteo, últimamente cosas así eran bastante comunes, si no por el niño de no mas de cinco años que la policía había encontrado acurrucado en medio de aquella masacre, aferrado a una muñeca de trapo con trenzas de colores.
En cuanto a aquella duende de coloridas trenzas, se quedaría una temporada con ese niño, en estos oscuros tiempos la verdadera inocencia era uno de los más raros tesoros.
Esperaron durante una hora agazapados detrás de unos coches a que apareciesen, la idea era pillarlos por sorpresa y coser a tiros a tres de aquellos cabrones que solían pasar por allí. Así que cuando una docena de tíos armados hasta los dientes doblaron la esquina, Johnny ya sabía que no iba a contarlo.
Sin saber muy bien por qué, se incorporó y apuntó como pudo con su temblorosa pistola, mientras el tiempo se detenía a su alrededor. Por el rabillo del ojo le pareció ver una trenza de color azul y apretó el gatillo.
La pistola se sacudió en sus manos y un colorido colibrí salió despedido del cañón mientras una orquesta sinfónica tocaba a todo volumen en sus oídos. Vio como otro de su banda que estaba a su derecha apuntaba con una escopeta a cámara lenta y una nube de confeti multicolor llenaba el aire.
Vio a uno de ellos descargar seis mariposas irisadas de un revolver.
Una pistola disparando serpentinas.
Una trenza verde.
Una ametralladora vomitando pompas de jabón.
Todo se tornó confuso, había colores por doquier, la orquesta no paraba de tocar y Johnny se acurrucó tras el coche hundiendo la cabeza entre sus rodillas.
Lo siguiente que recordaba era a un policía levantándole y zarandeándole mientras decía algo que no podía entender. Johnny imaginó que acabaría en un reformatorio, aunque a lo mejor le podrían enviar a la cárcel, le habían pillado en el lugar del tiroteo con una pistola en las manos. No tenía ni idea, a lo mejor le encerraban para siempre en una torre custodiada por un gigante. Tardó un poco en darse cuenta de que este último pensamiento había cruzado su imaginación de verdad, y le había parecido aterradoramente posible.
La prensa se hizo eco ampliamente de la noticia, no tanto por los quince muertos y seis heridos del tiroteo, últimamente cosas así eran bastante comunes, si no por el niño de no mas de cinco años que la policía había encontrado acurrucado en medio de aquella masacre, aferrado a una muñeca de trapo con trenzas de colores.
En cuanto a aquella duende de coloridas trenzas, se quedaría una temporada con ese niño, en estos oscuros tiempos la verdadera inocencia era uno de los más raros tesoros.
viernes, 3 de abril de 2009
A la luz del lorenzo...
Como hace mucho que no pongo payasadas aqui y empieza a hacer bueno tiempo, pues eso...
miércoles, 1 de abril de 2009
Fe
Llevaba varias horas andando sin rumbo, bloqueado sin poder asimilar que su vida se hubiese convertido en el argumento de una mala película. Se levantó de su lujosa cama como ejecutivo de alto nivel y ahora que ya había caido la noche ni siquiera tenía donde ir.
Esquivó por poco una puerta que se abrió delante de sus narices, un breve destello de luz multicolor y música atronadora se escapó mientras un hombre salía trompicones. Se volvió hacia él, la cara congelada en una mueca de rabia, empapada en lágrimas y templada en alcohol.
No dijo nada, sólo un ronco gruñido salió de sus labios y cuando el pobre desgraciado consiguió reaccionar el extraño que acababa de salir de la discoteca desenterraba un enorme cuchillo de su estómago.
- Ya nada importa aquí. El final está cerca. ¡Lo único que puedo hacer es mandar al otro mundo a todos los que pueda!
Vió alejarse a aquel hombre aún en estado de sock, intentó caminar pero le fallaron las piernas Notaba que tenía la camisa empapada a la altura del estómago. Apoyandose en la pared consiguió dar unos cuantos pasos antes de desplomarse junto a un montón de basura.
La conciencia comenzó a abandonarle cuando notó que los desperdicios sobre los que había caído se estaban moviendo.
- ¡EH! ¡EEEEHHH! ¿Quien coño...? Prufffftt ¿Quien coño se me ha tirado encima?
De entre la basura surgió vociferando un hombre cubierto de mugre y harapos, con las facciones desencajadas por el alcohol y un brillo demente en los ojos. Al verle, su sangre mezclándose con un charco negro de inmundicias, el rostro del mendigo se tornó serio, sacudiendose en un instante cualquier atisbo de falta de raciocinio.
- Vaya, lo siento por ti, tío. Por si eres lo bastante estúpido para que te sirva de consuelo, todo tiene una razón de ser. Ahora mismo eso te la sudará, pero esto que te ha pasado tiene cierto sentido si pudieses ver el cuadro completo.
El mendigo se sentó pesadamente, rebuscó entre la basura de su alrededor, sacó un pequeño cuenco y lo llenó en el charco, tomando líquido negro y sangre por igual. Mientras bebía distraidamente continuó hablandole al cuerpo inerte que yacía boca abajo a sus pies.
- Todo es una mierda, la verdad. ¿Sabías que no existe el destino ni ninguna de esas gilipolleces? No. Sólo es cuestión de que tengas la mala suerte de que un puto pirado se cruce contigo por la calle y acabas desangrandote en una pila de mierda. Aunque bueno, hay cosas peores. Oh si, créeme. ¿Sabías que antes los vampiros podían andar por el día tranquilamente? Pues si, hasta que algún gracioso difundió la leyenda que la luz solar les destruye. Al menos ahora solo se les puede matar con estacas y cosas asi, en eso han ganado.
Durante un par de minutos el vagabundo se quedó pensativo, con la vista perdida en el infinito.
- La dictadura de la creencia humana. Si consigues que la inmensa mayoría de los humanos crean en algo, ese algo se hará ten real como tu y yo. Como lo oyes, si ahora mismo fuese una creencia popular que eres inmortal, estarias aqui tan tranquilo bebiendo conmigo, bueno, seguramente estarias en un sitio más agradable, pero entiendes lo que quiero decir.
El mendigo volvió a llenar el cuenco, giró el cuerpo inerte y vertió el líquido en su garganta.
- Aunque la creencia popular también puede darte mucho por el culo, sobre todo cuando una panda de hijos de puta que se supone que son tus amigos cojen unas enseñanzas destinadas a salvar a la humanidad de si misma y se montan con ellas un chiringuito para forrarse, matandote en el proceso. Hay muchas historias como esas, a fin de cuentas la masa de humanos no es más que un rebaño estúpido y manipulable, deseando creerse todo lo que les cuenten.
Saúl abrió los ojos de par en par, notando como poco a poco su cuerpo recuperaba su vitalidad, con el paladar inundado por el fuerte sabor del vino añejo.
- Claro, que los muy cabrones no calcularon bien y como ya te he dicho todo tiene un por qué. Le costó que le cargasen con el muerto, pero uno de ellos me echó un cable de ultima hora y pude volver. Antes creía que algún día su tinglado caería y podria volver a intentarlo, pero en los 60 me di cuenta de que no. Mientras ellos sigan viviendo no dejarán que me cargue su chollo, así que a partir de ahora, discípulo mío, vamos a cargárnoslos.
Esquivó por poco una puerta que se abrió delante de sus narices, un breve destello de luz multicolor y música atronadora se escapó mientras un hombre salía trompicones. Se volvió hacia él, la cara congelada en una mueca de rabia, empapada en lágrimas y templada en alcohol.
No dijo nada, sólo un ronco gruñido salió de sus labios y cuando el pobre desgraciado consiguió reaccionar el extraño que acababa de salir de la discoteca desenterraba un enorme cuchillo de su estómago.
- Ya nada importa aquí. El final está cerca. ¡Lo único que puedo hacer es mandar al otro mundo a todos los que pueda!
Vió alejarse a aquel hombre aún en estado de sock, intentó caminar pero le fallaron las piernas Notaba que tenía la camisa empapada a la altura del estómago. Apoyandose en la pared consiguió dar unos cuantos pasos antes de desplomarse junto a un montón de basura.
La conciencia comenzó a abandonarle cuando notó que los desperdicios sobre los que había caído se estaban moviendo.
- ¡EH! ¡EEEEHHH! ¿Quien coño...? Prufffftt ¿Quien coño se me ha tirado encima?
De entre la basura surgió vociferando un hombre cubierto de mugre y harapos, con las facciones desencajadas por el alcohol y un brillo demente en los ojos. Al verle, su sangre mezclándose con un charco negro de inmundicias, el rostro del mendigo se tornó serio, sacudiendose en un instante cualquier atisbo de falta de raciocinio.
- Vaya, lo siento por ti, tío. Por si eres lo bastante estúpido para que te sirva de consuelo, todo tiene una razón de ser. Ahora mismo eso te la sudará, pero esto que te ha pasado tiene cierto sentido si pudieses ver el cuadro completo.
El mendigo se sentó pesadamente, rebuscó entre la basura de su alrededor, sacó un pequeño cuenco y lo llenó en el charco, tomando líquido negro y sangre por igual. Mientras bebía distraidamente continuó hablandole al cuerpo inerte que yacía boca abajo a sus pies.
- Todo es una mierda, la verdad. ¿Sabías que no existe el destino ni ninguna de esas gilipolleces? No. Sólo es cuestión de que tengas la mala suerte de que un puto pirado se cruce contigo por la calle y acabas desangrandote en una pila de mierda. Aunque bueno, hay cosas peores. Oh si, créeme. ¿Sabías que antes los vampiros podían andar por el día tranquilamente? Pues si, hasta que algún gracioso difundió la leyenda que la luz solar les destruye. Al menos ahora solo se les puede matar con estacas y cosas asi, en eso han ganado.
Durante un par de minutos el vagabundo se quedó pensativo, con la vista perdida en el infinito.
- La dictadura de la creencia humana. Si consigues que la inmensa mayoría de los humanos crean en algo, ese algo se hará ten real como tu y yo. Como lo oyes, si ahora mismo fuese una creencia popular que eres inmortal, estarias aqui tan tranquilo bebiendo conmigo, bueno, seguramente estarias en un sitio más agradable, pero entiendes lo que quiero decir.
El mendigo volvió a llenar el cuenco, giró el cuerpo inerte y vertió el líquido en su garganta.
- Aunque la creencia popular también puede darte mucho por el culo, sobre todo cuando una panda de hijos de puta que se supone que son tus amigos cojen unas enseñanzas destinadas a salvar a la humanidad de si misma y se montan con ellas un chiringuito para forrarse, matandote en el proceso. Hay muchas historias como esas, a fin de cuentas la masa de humanos no es más que un rebaño estúpido y manipulable, deseando creerse todo lo que les cuenten.
Saúl abrió los ojos de par en par, notando como poco a poco su cuerpo recuperaba su vitalidad, con el paladar inundado por el fuerte sabor del vino añejo.
- Claro, que los muy cabrones no calcularon bien y como ya te he dicho todo tiene un por qué. Le costó que le cargasen con el muerto, pero uno de ellos me echó un cable de ultima hora y pude volver. Antes creía que algún día su tinglado caería y podria volver a intentarlo, pero en los 60 me di cuenta de que no. Mientras ellos sigan viviendo no dejarán que me cargue su chollo, así que a partir de ahora, discípulo mío, vamos a cargárnoslos.
lunes, 10 de noviembre de 2008
El Fin de los Tiempos
Una breve bocanada de aire fresco se coló en el abarrotado local al abrirse la puerta. Mientras el oxígeno recién llegado moría en medio de la asfixiante atmósfera, cuatro figuras entraron en la discoteca. Durante unos segundos observaron la gran cantidad de personas que se movían entre la niebla provocada por el tabaco y bajo las coloridas estrellas de neón.
Sonriendo, se dirigieron directamente a uno de los reservados. Dentro, rezando con un rosario entre las manos, un hombre de rostro ceniciento y marcadas ojeras estaba sentado frente a una bebida sin tocar. Los cuatro recién llegados se sentaron ocupando el resto de la mesa y el hombre abrió los ojos, mirándoles con desprecio.
- Hemos oido que estás buscando a alguien - Las palabras salieron murmuradas mientras se encendía un cigarro. El que había hablado era un hombre de complexión delgada, el pelo largo y la cuidada barba enmarcando un pálido rostro.
- Creedme que no trataría con basura como vosotros si no fuese importante - Las palabras del hombre eran apenas siseos, sus nudillos blancos de tanto apretar el rosario entre sus manos.
- Tampoco hace falta ponerse desagradables, creo que hemos empezado con mal pie, me llamo Smith - Con una gran sonrisa, el que parecía el más joven de los cuatro extendió su mano en dirección al taciturno hombre - Nosotros no te hemos hecho nada.
- Vuestra sola existencia es una blasfemia a nuestro Señor - Agazapado como un animal acorralado el hombre miraba contínuamente a los cuatro, bañándolos de ira y rencor.
- Lo que mi compañero trataba de expresar es que, dado que sabemos donde encontrar a esos que tan desesperadamente buscas, quizá deberias cortarte un poco más con tu rollo fanático - La única mujer del grupo, una atractiva rubia de piel tan pálida como sus compañeros, sonrió al hombre de forma tranquilizadora
- ¿SABEIS DONDE ESTAN LOS JINETES? ¿¿ACASO YA HA LLEGADO LA HORA DEL JUICIO FINAL??
El hombre que aún no había hablado, con el pelo corto y una complexíon menos estilizada que la de los otros tres, aplastó una colilla en el cenicero, llamaban la atención sus ropas, casi competamente naranjas - Deberías tener algo más de criterio que creer a pies juntillas un libro que supuestamente se escribió hace dos mil años, ganarías en perspectiva.
- Cierra tu sucia boca, miserable demonio, si los cuatro Jinetes recorren la Tierra, eso significa que el Apocalipsis se acerca.
- ¿Y de donde te sacas eso? ¿Una profecía? Por lo poco que recuerdo también deberían haber aparecido un par de bestias con coronas y ángeles tocando trompetas, ¿no? - El que se había presentado como Smith colocó tres vasos y un botellín de cerveza sobre la mesa mientra hablaba.
- Sabeis perfectamente que no creeré vuestras mentiras. Sólo quereis hacerme dudar para que vuestros amos puedan destruir el mundo.
- ¿Hacerte dudar? Si no recuerdo mal, en aquel cuento los malos hacen migas el mundo mientras los justos y buenos se refugian en una ciudad VIP. Joder con los defensores de la Luz.
- Las señales son claras, el fin se acerca, debo prevenir a los demás. Ahora decidme donde se encuentran los Jinetes para poder eliminarles.
- Joder ¿siempre eres tan agradable? - El hombre del pelo largo tomó un trago de su bebida antes de continuar - ¿De verdad crees que necesitais a alguien para que venga a extender entre vosotros hambre, guerra, enfermedad y muerte?. Vosotros sois los maestros en eso.
- Los pecados de la humanidad atraerán el fin de los tiempos, efectivamente.
- Predicar un mensaje de terror y fanatismo sí que debería ser pecado. La gente como tú es la que convirtió rasgos naturales y positivos como la competitividad, el instinto de alimentación, las patologías que fortalecen a las especies y el ciclo natural de renovación de la vida en guerra, hambre, enfermedad y muerte - Era la chica la que hablaba, pero su enfado se notaba en el rostro de los cuatro.
El hombre, con el rostro rojo de ira, se lanzó a hablar, pero el hombre vestido de naranja le interrumpió - Esa perversión que llevais siglos haciendo es la que os dirigirá a la completa aniquilación, no cuatro heraldos del mal montados a caballo... joder, yo ni siquiera se cabalgar.
De repente, el hombre se quedó pálido y dejó caer el rosario, que se estrelló contra el suelo - Vosotros... vosotros...
- Somos lo que queda de una especie antaño numerosa. Avatares de la propia Naturaleza que, por la perversión de vuestras estupideces, hemos sido casi extinguidos. Nosotros no somos los heraldos del fin de los tiempos, seguramente salimos en vuestra animada profecía porque en el camino que habeis trazado hacia vuestra propia destrucción habeis arrastrado también a los nuestros.
Con el rostro desencajado, el hombre sacó una enorme daga plateada y la sostuvo temblando ante si - Venderé cara mi vida.
- Lo que vas a conseguir - La mujer tocó ligeramente el filo del cuchillo, que rápidamente se oxidó y cubrió de musgo para finalmente deshacerse en un montoncito de polvo - es que te maten si sigues husmeando en cosas que no entiendes. Al final te encontrarás con algún ser de la Oscuridad.
Dejaron al hombre con sus pensamientos y sus lágrimas. La noche aún era joven, y les gustaba mezclarse entre humanos que aún seguían sus instintos.
Sonriendo, se dirigieron directamente a uno de los reservados. Dentro, rezando con un rosario entre las manos, un hombre de rostro ceniciento y marcadas ojeras estaba sentado frente a una bebida sin tocar. Los cuatro recién llegados se sentaron ocupando el resto de la mesa y el hombre abrió los ojos, mirándoles con desprecio.
- Hemos oido que estás buscando a alguien - Las palabras salieron murmuradas mientras se encendía un cigarro. El que había hablado era un hombre de complexión delgada, el pelo largo y la cuidada barba enmarcando un pálido rostro.
- Creedme que no trataría con basura como vosotros si no fuese importante - Las palabras del hombre eran apenas siseos, sus nudillos blancos de tanto apretar el rosario entre sus manos.
- Tampoco hace falta ponerse desagradables, creo que hemos empezado con mal pie, me llamo Smith - Con una gran sonrisa, el que parecía el más joven de los cuatro extendió su mano en dirección al taciturno hombre - Nosotros no te hemos hecho nada.
- Vuestra sola existencia es una blasfemia a nuestro Señor - Agazapado como un animal acorralado el hombre miraba contínuamente a los cuatro, bañándolos de ira y rencor.
- Lo que mi compañero trataba de expresar es que, dado que sabemos donde encontrar a esos que tan desesperadamente buscas, quizá deberias cortarte un poco más con tu rollo fanático - La única mujer del grupo, una atractiva rubia de piel tan pálida como sus compañeros, sonrió al hombre de forma tranquilizadora
- ¿SABEIS DONDE ESTAN LOS JINETES? ¿¿ACASO YA HA LLEGADO LA HORA DEL JUICIO FINAL??
El hombre que aún no había hablado, con el pelo corto y una complexíon menos estilizada que la de los otros tres, aplastó una colilla en el cenicero, llamaban la atención sus ropas, casi competamente naranjas - Deberías tener algo más de criterio que creer a pies juntillas un libro que supuestamente se escribió hace dos mil años, ganarías en perspectiva.
- Cierra tu sucia boca, miserable demonio, si los cuatro Jinetes recorren la Tierra, eso significa que el Apocalipsis se acerca.
- ¿Y de donde te sacas eso? ¿Una profecía? Por lo poco que recuerdo también deberían haber aparecido un par de bestias con coronas y ángeles tocando trompetas, ¿no? - El que se había presentado como Smith colocó tres vasos y un botellín de cerveza sobre la mesa mientra hablaba.
- Sabeis perfectamente que no creeré vuestras mentiras. Sólo quereis hacerme dudar para que vuestros amos puedan destruir el mundo.
- ¿Hacerte dudar? Si no recuerdo mal, en aquel cuento los malos hacen migas el mundo mientras los justos y buenos se refugian en una ciudad VIP. Joder con los defensores de la Luz.
- Las señales son claras, el fin se acerca, debo prevenir a los demás. Ahora decidme donde se encuentran los Jinetes para poder eliminarles.
- Joder ¿siempre eres tan agradable? - El hombre del pelo largo tomó un trago de su bebida antes de continuar - ¿De verdad crees que necesitais a alguien para que venga a extender entre vosotros hambre, guerra, enfermedad y muerte?. Vosotros sois los maestros en eso.
- Los pecados de la humanidad atraerán el fin de los tiempos, efectivamente.
- Predicar un mensaje de terror y fanatismo sí que debería ser pecado. La gente como tú es la que convirtió rasgos naturales y positivos como la competitividad, el instinto de alimentación, las patologías que fortalecen a las especies y el ciclo natural de renovación de la vida en guerra, hambre, enfermedad y muerte - Era la chica la que hablaba, pero su enfado se notaba en el rostro de los cuatro.
El hombre, con el rostro rojo de ira, se lanzó a hablar, pero el hombre vestido de naranja le interrumpió - Esa perversión que llevais siglos haciendo es la que os dirigirá a la completa aniquilación, no cuatro heraldos del mal montados a caballo... joder, yo ni siquiera se cabalgar.
De repente, el hombre se quedó pálido y dejó caer el rosario, que se estrelló contra el suelo - Vosotros... vosotros...
- Somos lo que queda de una especie antaño numerosa. Avatares de la propia Naturaleza que, por la perversión de vuestras estupideces, hemos sido casi extinguidos. Nosotros no somos los heraldos del fin de los tiempos, seguramente salimos en vuestra animada profecía porque en el camino que habeis trazado hacia vuestra propia destrucción habeis arrastrado también a los nuestros.
Con el rostro desencajado, el hombre sacó una enorme daga plateada y la sostuvo temblando ante si - Venderé cara mi vida.
- Lo que vas a conseguir - La mujer tocó ligeramente el filo del cuchillo, que rápidamente se oxidó y cubrió de musgo para finalmente deshacerse en un montoncito de polvo - es que te maten si sigues husmeando en cosas que no entiendes. Al final te encontrarás con algún ser de la Oscuridad.
Dejaron al hombre con sus pensamientos y sus lágrimas. La noche aún era joven, y les gustaba mezclarse entre humanos que aún seguían sus instintos.
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Cuentos de un futuro incierto al la venta online!!
Bueno, llevo ya un tiempito sin escribir y creo que es hora de ponerse de nuevo a ello. Para amenizaros la espera, os contaré que ya está disponible para su compra online el recopilatorio de relatos CUENTOS DE UN FUTURO inCIERTO, del que ya os hablé hace tiempo.
Gracias a la gente de scifiworld el precio final es bastante bajo, así que no teneis excusa para leer los cuentos de los pedazo de autores que participan, y el mío también ya que estais.
El enlace para comprarlo es este
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cuentos,
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miércoles, 3 de septiembre de 2008
Burocracia
Capítulos anteriores:
Primer día
Primer día (continuación)
Muertos que caminan
- Hola de nuevo, hijo, ¿que tal?
Alberto observó con detenimiento a Emeterus, al que no había vuelto a ver desde el día que entró en la agencia. Suponía que tarde o temprano su propensión a desobedecer las órdenes de sus superiores le acabaría causando problemas serios, y este debía ser ese momento.
Bueno, por lo que dicen de ti tus superiores, veo que tienes dificultades para cumplir órdenes. ¿algo que alegar en tu defensa?
- ¿El hecho de que todas esas órdenes provengan de individuos totalmente inútiles sirve como argumento?
- Si lo desarrollas un poco más, quizá...
- Veamos, he participado en una docena de misiones de campo. En todas ellas el jefe del equipo era un individuo con una capacidad nula para el liderazgo, la estrategia y abrir la boca sin soltar estupideces por ella. Si aquellas misiones llegaron a buen término fue porque yo o algún otro miembro del equipo actuamos sin hacer caso al inútil que supuestamente nos dirigía.
- Así que cuestionas mi capacidad para elegir quien lidera los equipos.
- Cuestiono la capacidad para dirigir equipos de los agentes que usted selecciona para ese fin, señor.
- Ja ja ja – Emeterus se puso en pie y caminó por su despacho, deteniendose delante de un tapiz que aparentaba ser tremendamente antiguo – Verás, a veces es necesario enfrentar a las personas a situaciones absurdas para comprobar si serían capaces de sobrevivir a ellas.
- ¿Insinúa que su elección de los agentes más incapaces como líderes de grupo es totalemte intencionada?
Emeterus se mesó su espesa barba y se giró hacia Alberto, su expesión indicaba que estaba pensando como enfocar sus siguientes palabras.
- Digamos que el método de actuación que has seguido hasta ahora satisface al Gobierno, y además sirve como criba para comprobar cuales de los reclutas de la agencia merecen realmente la pena. - Alberto se removió en su sitio y Emeterus alzó la mano en un gesto conciliador, adivinando el motivo de su inquietud – No, no creas que lo que has hecho hasta ahora, ni los compañeros que has perdido han sido en vano. Tus misiones hasta ahora han sido reales, pero digamos que los agentes que pasan la criba se dedican a tareas mas... delicadas.
- ¿Así que voy a ser ascendido a una unidad dedicada a misiones de mayor importancia?
- ¿Ascendido? Ja ja ja. Agente, por su contínuo desprecio a la cadena de mando y su comportamiento indisciplinado, queda usted relegado de sus funciones y destinado a realizar tareas administrativas hasta nueva orden.
La cara de Alberto se contrajo en una mueca de sorpresa, con la mirada clavada en el inexpresivo semblante de Emeterus.
- Reginald, ¿serías tan amable de acompañar al caballero a su nuevo destino?
El apuesto y siempre sonriente ayudante de Emeterus pareció materializarse de la nada y se acercó hacia Alberto.
- Hay un coche esperándonos, sígueme por favor.
Subieron un par de plantas hasta el garaje, que comunicaba con el aparcamiento subterraneo del edificio que servía como tapadera a las dependencias de la agencia. Allí una furgoneta les esperaba con el motor en marcha. Mientras subían Reginald señaló hacia la parte trasera del vehículo.
- Utilizaremos este medio de transporte por las especiales necesidades de su nuevo compañero, Germán. Germán, este es Alberto.
Sentado en la caja de la furgoneta se encontraba un hombre de unos dos metros de alto, con unos rasgos de aspecto rugoso y pelo semejante a hierba.
- Hola.
A Alberto le dió un escalofrío, la voz de aquel ser era rasposa y profunda. Reginald empujó suevemente al sorprendido agente para que terminase de entrar. Cuando todos estuvieron sentados la furgoneta se puso en marcha.
- Bien, una vez hechas las presentaciones os explicare vuestra primera “tarea administrativa” - Reginald sonrió, y Alberto habría jurado que sus ojos habían cambiado de tono por un segundo. - ¿Que sabeis de los Mimos?
Primer día
Primer día (continuación)
Muertos que caminan
- Hola de nuevo, hijo, ¿que tal?
Alberto observó con detenimiento a Emeterus, al que no había vuelto a ver desde el día que entró en la agencia. Suponía que tarde o temprano su propensión a desobedecer las órdenes de sus superiores le acabaría causando problemas serios, y este debía ser ese momento.
Bueno, por lo que dicen de ti tus superiores, veo que tienes dificultades para cumplir órdenes. ¿algo que alegar en tu defensa?
- ¿El hecho de que todas esas órdenes provengan de individuos totalmente inútiles sirve como argumento?
- Si lo desarrollas un poco más, quizá...
- Veamos, he participado en una docena de misiones de campo. En todas ellas el jefe del equipo era un individuo con una capacidad nula para el liderazgo, la estrategia y abrir la boca sin soltar estupideces por ella. Si aquellas misiones llegaron a buen término fue porque yo o algún otro miembro del equipo actuamos sin hacer caso al inútil que supuestamente nos dirigía.
- Así que cuestionas mi capacidad para elegir quien lidera los equipos.
- Cuestiono la capacidad para dirigir equipos de los agentes que usted selecciona para ese fin, señor.
- Ja ja ja – Emeterus se puso en pie y caminó por su despacho, deteniendose delante de un tapiz que aparentaba ser tremendamente antiguo – Verás, a veces es necesario enfrentar a las personas a situaciones absurdas para comprobar si serían capaces de sobrevivir a ellas.
- ¿Insinúa que su elección de los agentes más incapaces como líderes de grupo es totalemte intencionada?
Emeterus se mesó su espesa barba y se giró hacia Alberto, su expesión indicaba que estaba pensando como enfocar sus siguientes palabras.
- Digamos que el método de actuación que has seguido hasta ahora satisface al Gobierno, y además sirve como criba para comprobar cuales de los reclutas de la agencia merecen realmente la pena. - Alberto se removió en su sitio y Emeterus alzó la mano en un gesto conciliador, adivinando el motivo de su inquietud – No, no creas que lo que has hecho hasta ahora, ni los compañeros que has perdido han sido en vano. Tus misiones hasta ahora han sido reales, pero digamos que los agentes que pasan la criba se dedican a tareas mas... delicadas.
- ¿Así que voy a ser ascendido a una unidad dedicada a misiones de mayor importancia?
- ¿Ascendido? Ja ja ja. Agente, por su contínuo desprecio a la cadena de mando y su comportamiento indisciplinado, queda usted relegado de sus funciones y destinado a realizar tareas administrativas hasta nueva orden.
La cara de Alberto se contrajo en una mueca de sorpresa, con la mirada clavada en el inexpresivo semblante de Emeterus.
- Reginald, ¿serías tan amable de acompañar al caballero a su nuevo destino?
El apuesto y siempre sonriente ayudante de Emeterus pareció materializarse de la nada y se acercó hacia Alberto.
- Hay un coche esperándonos, sígueme por favor.
Subieron un par de plantas hasta el garaje, que comunicaba con el aparcamiento subterraneo del edificio que servía como tapadera a las dependencias de la agencia. Allí una furgoneta les esperaba con el motor en marcha. Mientras subían Reginald señaló hacia la parte trasera del vehículo.
- Utilizaremos este medio de transporte por las especiales necesidades de su nuevo compañero, Germán. Germán, este es Alberto.
Sentado en la caja de la furgoneta se encontraba un hombre de unos dos metros de alto, con unos rasgos de aspecto rugoso y pelo semejante a hierba.
- Hola.
A Alberto le dió un escalofrío, la voz de aquel ser era rasposa y profunda. Reginald empujó suevemente al sorprendido agente para que terminase de entrar. Cuando todos estuvieron sentados la furgoneta se puso en marcha.
- Bien, una vez hechas las presentaciones os explicare vuestra primera “tarea administrativa” - Reginald sonrió, y Alberto habría jurado que sus ojos habían cambiado de tono por un segundo. - ¿Que sabeis de los Mimos?
miércoles, 6 de agosto de 2008
Estrella invitada: Íker Jimenez
Aún tengo que estabilizarme un poco más en mi vuelta a Pucela antes de volver a escribir, mientras tanto, os dejo con este sencillo ejercicio:
- Abrid Google Maps (o similar)
- Marcad la posición de las tiendas frikis más centricas (a huevo, tampoco hace falta precisión GPS)
- Unid las marcas anteriores con una línea

Como apunte, dos detalles, aproximadamente en el vértice que falta podreis encontrar un local en alquiler y yo trabajo en el centro del pentagrama... Acojonante, ¿eh?
- Abrid Google Maps (o similar)
- Marcad la posición de las tiendas frikis más centricas (a huevo, tampoco hace falta precisión GPS)
- Unid las marcas anteriores con una línea

Como apunte, dos detalles, aproximadamente en el vértice que falta podreis encontrar un local en alquiler y yo trabajo en el centro del pentagrama... Acojonante, ¿eh?
miércoles, 9 de julio de 2008
Para entender visiones arcoiris
"Amor mío
Se que ayer fue una fecha importante, se que hacía exactamente un mes que pronunciamos palabras inesperadas. Hacía un mes que aquella noche, en aquel coche, decidimos escuchar los gritos callados de nuestros corazones. Hacía un mes que, en definitiva, la tormenta dió visos de comenzar a despejarse.
Y en este tiempo, que me ha parecido eternamente breve, he sido incluso más feliz que antes.
Me gustaría poner como excusa que mis sentimientos me han privado del poco juicio que me queda y por ello no me di cuenta, o que el tiempo a tu lado se escurre entre mis dedos como la arena del reloj que mide los momentos felices, mucho más fina que la de el de los momentos tristes. Pero no puedo, simplemente se me olvidó. En el último momento no lo recordé.
No es esta una carta de disculpa, eso ya te lo pediré en persona, esta es una misiva destinada a dejar constancia del hecho más relevante sucedido ayer, hoy y (espero) mañana...
Me desperté soñando, imaginando, intuyendo, suponiendo, sabiendo, que te quiero."
Dejó la pluma sobre la mesa, una desagradable sensación de vértigo nublaba sus ojos mientras poco a poco recuperaba la conciencia de su entorno. Miró incrédulo el papel que él mismo, pues no había nadie más en la habitación, acababa de llenar de palabras escritas con tinta multicolor (pese a que la tinta que manchaba la pluma era totalmente negra).
Sin entender nada, miró a su alrededor, buscando más una señal que le dijese que aquello era un sueño que a alguien oculto. Finalmente leyó la carta que acababa de escribir y con las últimas palabras una amplia sonrisa iluminó su rostro. Efectivamente era un sueño, aunque no era suyo, y además uno tan real como hermoso.
Se que ayer fue una fecha importante, se que hacía exactamente un mes que pronunciamos palabras inesperadas. Hacía un mes que aquella noche, en aquel coche, decidimos escuchar los gritos callados de nuestros corazones. Hacía un mes que, en definitiva, la tormenta dió visos de comenzar a despejarse.
Y en este tiempo, que me ha parecido eternamente breve, he sido incluso más feliz que antes.
Me gustaría poner como excusa que mis sentimientos me han privado del poco juicio que me queda y por ello no me di cuenta, o que el tiempo a tu lado se escurre entre mis dedos como la arena del reloj que mide los momentos felices, mucho más fina que la de el de los momentos tristes. Pero no puedo, simplemente se me olvidó. En el último momento no lo recordé.
No es esta una carta de disculpa, eso ya te lo pediré en persona, esta es una misiva destinada a dejar constancia del hecho más relevante sucedido ayer, hoy y (espero) mañana...
Me desperté soñando, imaginando, intuyendo, suponiendo, sabiendo, que te quiero."
Dejó la pluma sobre la mesa, una desagradable sensación de vértigo nublaba sus ojos mientras poco a poco recuperaba la conciencia de su entorno. Miró incrédulo el papel que él mismo, pues no había nadie más en la habitación, acababa de llenar de palabras escritas con tinta multicolor (pese a que la tinta que manchaba la pluma era totalmente negra).
Sin entender nada, miró a su alrededor, buscando más una señal que le dijese que aquello era un sueño que a alguien oculto. Finalmente leyó la carta que acababa de escribir y con las últimas palabras una amplia sonrisa iluminó su rostro. Efectivamente era un sueño, aunque no era suyo, y además uno tan real como hermoso.
martes, 8 de julio de 2008
CUENTOS DE UN FUTURO inCIERTO
Os presento la magnífica portada (dibujada por Klover) de "CUENTOS DE UN FUTURO inCIERTO", un proyecto de escritura colectiva coordinado por Pedro y que verá la luz en papel dentro de poco (esperamos :P)
Por el momento os invito a echar un vistazo al trabajo de los demás autores de esta obra, listados aquí.
Seguiremos informando...
Etiquetas:
cuentos,
cuentos de un futuro incierto,
internet
viernes, 27 de junio de 2008
Rebeldías posibles
Anoche, mientras la mayoría de la población desempolvaba su patriotismo viendo un partido de fútbol, unos amigos y yo nos fuimos al teatro (y además por un precio casi regalado) y vimos una obra que me gusto mucho mucho mucho. Se titula Rebeldías Posibles y recomiendo a cualquiera que pueda que vaya a verla, por desgracia mañana es el último dia que la representan, asi que espero que vuelvan y podais verla.
miércoles, 25 de junio de 2008
martes, 17 de junio de 2008
Las Tres Esferas
Como ya saben algunos de los lectores asiduos de este blog, últimamente procuro centrarme más en publicar relatos ambientados en un universo unificado. Poco a poco con cada relato iré definiendo más este universo, algunas cosas ya se pueden ver leyendo los cuentos con la etiqueta las tres esferas
Como guía y aclaración encontrareis las descripciones de los seres que pueblan este universo en este Bestiario
Un saludo y gracias por leerme :)
Como guía y aclaración encontrareis las descripciones de los seres que pueblan este universo en este Bestiario
Un saludo y gracias por leerme :)
Muertos que caminan
Capítulos anteriores:
Primer día
Primer día (continuación)
Se movían entre los pinos con mucho cuidado, las agujas secas que cubrían el suelo complicaban este empeño, pero era la única zona por la que podían acercarse al pueblo.
Alberto había pasado tres meses de adiestramiento en esta misteriosa agencia gubernamental que ni siquiera tenía nombre, cada agente se refería como mejor le parecía aunque lo cierto es que lo normal era simplemente no hacerlo. Esta era su primera misión de campo, y parecía sacada del guión de una película de serie b, un pueblo en medio de la nada atacado por zombis, lo tópico e irreal de la situación le hacía sonreír.
Los zombis existían, si. Como la mayor parte de los monstruos sobrenaturales del imaginario popular, aunque también como en la mayoría de los demás seres las supersticiones no eran del todo acertadas. Alberto había estudiado a fondo todos los datos disponibles sobre estas abominaciones, no se trataba de muertos vivientes exactamente, aunque la parte de la infección a través del mordisco de un zombi si que era cierta. Existía por lo visto un tipo de ser de la oscuridad de pequeño tamaño y aspecto insectoide que en estado larvario podía abrirse camino hasta la cavidad craneal de la víctima, devorar el cerebro y tomar control de las funciones sensoriales y motoras del huésped. Así se obtenía un monstruo de movimientos lentos y tambaleantes, inteligencia animal y en estado de descomposición dado que el parásito solo era capaz de mantener el cuerpo durante unos cuantos días. La propagación de la infección está provocada por los huevos que el parásito deposita en la garganta del huésped de los que eclosionan en pocos minutos miles de larvas que aprovechan cualquier herida abierta, como por ejemplo un mordisco, para infectar a su vez a otras víctimas.
Alberto prefería la versión clásica de estos monstruos, no podía dejar de pensar en todas esas larvas minúsculas entrando en su cuerpo y abriéndose camino hasta su cerebro. Un escalofrío ascendió por su columna vertebral al volver a pensar en ello y cuando llegó hasta su cuello explotó iluminando el pinar que estaba viendo. Un hedor insoportable le abrazó revolviendole el estómago, cuando una docena de cuerpos semipodridos se abalanzó hacia ellos. Había visto suficiente, poniendo en práctica lo aprendido sobre sus capacidades premonitorias se concentró en tratar de ver de nuevo el mundo real, desconectando la visión del combate con los zombis. Aún no se había recuperado de la sensación de vértigo que le producía volver de una visión, pero en cuanto se vio capaz de hablar gritó a sus compañeros para que se preparasen.
Cuando los zombis se lanzaran a por el grupo de agentes fueron recibidos con disparos y chorros de una sustancias viscosa y adherente en llamas. Era la única forma de asegurar que ninguna de las pequeñas larvas escapaba, no podrían infectarles por los trajes con los que iban protegidos, pero la agencia no dejaba cabos sueltos.
El pueblo se consumía en un infierno de llamas avivadas por las capacidades de dos de los agentes que le acompañaban. Marcó un número en su teléfono móvil y esperó, cuando oyó que descolgaban dijo simplemente “terminado” y arrojó el terminal a las llamas que ya se extendían voraces por el bosque.
Lejos de ellos, escondido entre unos arbustos, un ser cuyo aspecto recordaba al de un cerdo observaba a los humanos con ojos vidriosos mientras diminutas larvas entraban y salían de su boca y hocico.
Primer día
Primer día (continuación)
Se movían entre los pinos con mucho cuidado, las agujas secas que cubrían el suelo complicaban este empeño, pero era la única zona por la que podían acercarse al pueblo.
Alberto había pasado tres meses de adiestramiento en esta misteriosa agencia gubernamental que ni siquiera tenía nombre, cada agente se refería como mejor le parecía aunque lo cierto es que lo normal era simplemente no hacerlo. Esta era su primera misión de campo, y parecía sacada del guión de una película de serie b, un pueblo en medio de la nada atacado por zombis, lo tópico e irreal de la situación le hacía sonreír.
Los zombis existían, si. Como la mayor parte de los monstruos sobrenaturales del imaginario popular, aunque también como en la mayoría de los demás seres las supersticiones no eran del todo acertadas. Alberto había estudiado a fondo todos los datos disponibles sobre estas abominaciones, no se trataba de muertos vivientes exactamente, aunque la parte de la infección a través del mordisco de un zombi si que era cierta. Existía por lo visto un tipo de ser de la oscuridad de pequeño tamaño y aspecto insectoide que en estado larvario podía abrirse camino hasta la cavidad craneal de la víctima, devorar el cerebro y tomar control de las funciones sensoriales y motoras del huésped. Así se obtenía un monstruo de movimientos lentos y tambaleantes, inteligencia animal y en estado de descomposición dado que el parásito solo era capaz de mantener el cuerpo durante unos cuantos días. La propagación de la infección está provocada por los huevos que el parásito deposita en la garganta del huésped de los que eclosionan en pocos minutos miles de larvas que aprovechan cualquier herida abierta, como por ejemplo un mordisco, para infectar a su vez a otras víctimas.
Alberto prefería la versión clásica de estos monstruos, no podía dejar de pensar en todas esas larvas minúsculas entrando en su cuerpo y abriéndose camino hasta su cerebro. Un escalofrío ascendió por su columna vertebral al volver a pensar en ello y cuando llegó hasta su cuello explotó iluminando el pinar que estaba viendo. Un hedor insoportable le abrazó revolviendole el estómago, cuando una docena de cuerpos semipodridos se abalanzó hacia ellos. Había visto suficiente, poniendo en práctica lo aprendido sobre sus capacidades premonitorias se concentró en tratar de ver de nuevo el mundo real, desconectando la visión del combate con los zombis. Aún no se había recuperado de la sensación de vértigo que le producía volver de una visión, pero en cuanto se vio capaz de hablar gritó a sus compañeros para que se preparasen.
Cuando los zombis se lanzaran a por el grupo de agentes fueron recibidos con disparos y chorros de una sustancias viscosa y adherente en llamas. Era la única forma de asegurar que ninguna de las pequeñas larvas escapaba, no podrían infectarles por los trajes con los que iban protegidos, pero la agencia no dejaba cabos sueltos.
El pueblo se consumía en un infierno de llamas avivadas por las capacidades de dos de los agentes que le acompañaban. Marcó un número en su teléfono móvil y esperó, cuando oyó que descolgaban dijo simplemente “terminado” y arrojó el terminal a las llamas que ya se extendían voraces por el bosque.
Lejos de ellos, escondido entre unos arbustos, un ser cuyo aspecto recordaba al de un cerdo observaba a los humanos con ojos vidriosos mientras diminutas larvas entraban y salían de su boca y hocico.
jueves, 5 de junio de 2008
martes, 3 de junio de 2008
Primer día (continuación)
Capítulos anteriores:
Primer día
Alberto no tenía muy claro que pensar ante esta declaración, por increíble que le pareciese estaba claro que el bicho que había en la habitación contigua golpeando las paredes y cristal blindados no era “normal”, y también estaba el tema de las cosas que había descubierto que era capaz de hacer, tampoco eran “normales”.
Mientras pensaba en todo esto y trataba de apartar la mirada de aquel monstruo deforme, posó la vista sobre Emeterus y se percató de que había rasgos en él que no encajaban con un humano. Su pelo era demasiado tosco, asemejándose más a fibras vegetales que a cabellos, el tono de la piel era indefiniblemente extraño y en sus ojos había algo inquietante que no alcanzaba a discernir.
Apartó la vista y reparó por primera vez en el hombre que acompañaba a Emeterus, una mole de algo más de dos metros. No le dio tiempo a sorprenderse por su apariencia, descaradamente inhumana, porque en ese mismo instante la escena se desdibujó y sintió una sensación de vértigo que ya empezaba a hacerse habitual.
Abrió de nuevo los ojos y toda la sala parecía iluminada por una potente luz blanca, matizándose las formas tan solo con sombras grises y violetas. Observó como el monstruo contenido en la habitación contigua golpeaba salvajemente el cristal, vio como éste se hacia añicos y justo antes de que el enorme puño de la criatura impactase en la cara de Emeterus, volvió a oír voces y a sentir sus latidos retumbar en sus oídos.
No era la primera vez que le pasaba, y estaba preparado. Abrió los ojos para ver de nuevo la misma escena, esta vez con una coloración normal y con sonido. Mientras el monstruo destrozaba el cristal Alberto alzó su arma y descargó un disparo tras otro sobre su cabeza, sólo para comprobar que las balas no parecían afectarle lo mas mínimo. La bestia descargó un puñetazo contra Emeterus, el cual para asombro de Alberto detuvo el golpe con una sola mano, retorciendo de forma imposible el brazo de la criatura que sonó como un tronco seco tronzándose. El gorila que se encontraba al lado de Emeterus saltó sobre la espalda del troll y sujetando la cabeza del monstruo con ambas manos la retorció salvajemente, resonando el crujido en toda la sala mientras el cuerpo de la criatura se desplomaba.
Emeterus se acercó a el mientras se sacudía algunos trozos de cristal de su traje.
- Premoniciones. Una capacidad muy interesante y muy útil. Comprobarás que con algo de entrenamiento la precisión, duración y anticipación de tus visiones aumentará de forma espectacular. Reginald te enseñará esto y te acompañará a tu habitación. Bienvenido a bordo.
El nuevo agente acababa de salir por la puerta, con la sorpresa en su cara y un millón de dudas en la cabeza. Ah, la juventud, la inocencia, como añoraba todo eso Emeterus, siempre que llegaba uno de esos jóvenes muchachos los años parecían subirse a sus espaldas, pesándole como plomo.
El cuerpo del troll comenzó a moverse ligeramente.
- Marco, llévate a ese a una celda de contención, una de las de verdad. Después informa al enlace gubernamental de que el espécimen ha resultado ser demasiado peligroso y ha sido incinerado.
Como toneladas de plomo...
Primer día
Alberto no tenía muy claro que pensar ante esta declaración, por increíble que le pareciese estaba claro que el bicho que había en la habitación contigua golpeando las paredes y cristal blindados no era “normal”, y también estaba el tema de las cosas que había descubierto que era capaz de hacer, tampoco eran “normales”.
Mientras pensaba en todo esto y trataba de apartar la mirada de aquel monstruo deforme, posó la vista sobre Emeterus y se percató de que había rasgos en él que no encajaban con un humano. Su pelo era demasiado tosco, asemejándose más a fibras vegetales que a cabellos, el tono de la piel era indefiniblemente extraño y en sus ojos había algo inquietante que no alcanzaba a discernir.
Apartó la vista y reparó por primera vez en el hombre que acompañaba a Emeterus, una mole de algo más de dos metros. No le dio tiempo a sorprenderse por su apariencia, descaradamente inhumana, porque en ese mismo instante la escena se desdibujó y sintió una sensación de vértigo que ya empezaba a hacerse habitual.
Abrió de nuevo los ojos y toda la sala parecía iluminada por una potente luz blanca, matizándose las formas tan solo con sombras grises y violetas. Observó como el monstruo contenido en la habitación contigua golpeaba salvajemente el cristal, vio como éste se hacia añicos y justo antes de que el enorme puño de la criatura impactase en la cara de Emeterus, volvió a oír voces y a sentir sus latidos retumbar en sus oídos.
No era la primera vez que le pasaba, y estaba preparado. Abrió los ojos para ver de nuevo la misma escena, esta vez con una coloración normal y con sonido. Mientras el monstruo destrozaba el cristal Alberto alzó su arma y descargó un disparo tras otro sobre su cabeza, sólo para comprobar que las balas no parecían afectarle lo mas mínimo. La bestia descargó un puñetazo contra Emeterus, el cual para asombro de Alberto detuvo el golpe con una sola mano, retorciendo de forma imposible el brazo de la criatura que sonó como un tronco seco tronzándose. El gorila que se encontraba al lado de Emeterus saltó sobre la espalda del troll y sujetando la cabeza del monstruo con ambas manos la retorció salvajemente, resonando el crujido en toda la sala mientras el cuerpo de la criatura se desplomaba.
Emeterus se acercó a el mientras se sacudía algunos trozos de cristal de su traje.
- Premoniciones. Una capacidad muy interesante y muy útil. Comprobarás que con algo de entrenamiento la precisión, duración y anticipación de tus visiones aumentará de forma espectacular. Reginald te enseñará esto y te acompañará a tu habitación. Bienvenido a bordo.
El nuevo agente acababa de salir por la puerta, con la sorpresa en su cara y un millón de dudas en la cabeza. Ah, la juventud, la inocencia, como añoraba todo eso Emeterus, siempre que llegaba uno de esos jóvenes muchachos los años parecían subirse a sus espaldas, pesándole como plomo.
El cuerpo del troll comenzó a moverse ligeramente.
- Marco, llévate a ese a una celda de contención, una de las de verdad. Después informa al enlace gubernamental de que el espécimen ha resultado ser demasiado peligroso y ha sido incinerado.
Como toneladas de plomo...
miércoles, 21 de mayo de 2008
Primer día
Mientras el taxi se marchaba miraba confuso el trozo de papel donde había apuntado la dirección donde debía presentarse para su nuevo puesto. Sabía que la había cagado en su última misión, no entendía que le había pasado pero lo que importaba era que había mandado a la mierda una operación que el departamento de Inteligencia del Gobierno llevaba preparando un año.
Aún así esto le parecía excesivo, frente a él un edificio destartalado y mugriento se elevaba apenas cuatro plantas. Un cartel oxidado al lado de la puerta indicaba que se trataba de la Subdelegación del Gobierno para el control de animales y plantas perjudiciales. Era una tapadera, por supuesto, pero aquello era demasiado cutre, este destino era un castigo, sin duda.
Atravesó la puerta, que colgaba pesadamente de unas bisagras llenas de óxido y suciedad. El olor a humedad que se respiraba dentro encajaba perfectamente con el descuidado vestíbulo, al fondo del cual había una mesa en la que se podía leer RECEPCIÓN. La mujer que se sentaba en la mesa, que le pereció una severa institutriz solterona y amargada de unos doscientos años, le atravesó con una mirada de desprecio que paralizaba hasta el corazón. Avanzó con dificultad hasta ella y consiguió hablar con un hilo de voz.
- So... soy Alberto Hinojosa, te... tengo una cita con...
Miró el trozo de papel, pero no podía leer nada de lo que le temblaba la mano. Sin apartar ni un momento su aterradora mirada de él, la recepcionista señaló el ascensor a su izquierda.
- Sótano dos.
La voz de la mujer sonaba como un tenedor arañando una pizarra, Alberto sentía una presión insoportable en el pecho y se dirigió casi corriendo al ascensor, entró notando esos dos ojos clavándose en su espalda y pulsó nervioso el botón del sótano dos. Mientras bajaba la presión se fue relajando y para cuando las puertas se volvían a abrir estaba casi riéndose de la absurda paranoia que le había entrado arriba, los nervios se dijo.
Al abrirse las puertas un sonriente joven de veintipocos años le estaba esperando.
- Usted debe ser Alberto ¿no? ¡Genial! Si es tan amable de acompañarme iremos a ver al señor Emeterio inmediatamente. Le envía por adelantado sus disculpas, ha surgido un asunto urgente y no le recibirá en su despacho.
Caminaron por un largo pasillo, el joven tenía una conversación agradable y Alberto no se percató de que el pasillo que recorrían era mucho más largo que el tamaño del edificio de arriba. Finalmente llegaron a una puerta metálica de doble hoja tan desvencijada como todo lo demás y que sólo se identificaba por un desgastado número pintado sobre ella. Distraidamente y sin parar de hablar sobre la lluviosa primavera que estaba haciendo, el joven apoyó la mano en un punto de la pared, un breve brillo recorrió la mano y la puerta se abrió, dando paso a una pequeña sala forrada de acero con otra puerta al fondo, esta con un aspecto mucho más moderno.
Entraron en la sala y la primera puerta se cerró sin hacer ningún ruido, Alberto se dio cuenta de que por dentro parecía igual a la otra y que su grosor era de al menos medio metro. La segunda puerta se abrió sola y un brutal gruñido seguido del estruendo de enormes golpes le sobrecogió.
- No tenga miedo, todo está bajo control.
Ahora estaban en una sala mucho más grande, forrada completamente de acero y con un gran ventanal al fondo por el que estaban mirando dos hombres. Uno de ellos, de cabello largo y poco cuidado, se giró cuando entraron.
- Vaya, tu debes ser Alberto ¿no? Te estabamos esperando, te ruego que me disculpes por recibirte aquí, pero hemos tenido que atender un... imprevisto.
El hombre, que aparentaba unos cuarenta años y se movía de forma elegante señaló hacia el ventanal donde, para sorpresa de Alberto, un ser de unos tres metros, de aspecto deforme, unos brazos desmesuradamente grandes y una piel de aspecto similar a la corteza de un árbol verde golpeaba brutalmente las paredes mientras gritaba con una potencia sobrehumana.
- Bien, no nos vamos a andar con rodeos, mi nombre es Emeterus. Estás aquí porque últimamente has desarrollado ciertas... habilidades y, por si te lo preguntas, eso de ahí dentro es un troll.
Aún así esto le parecía excesivo, frente a él un edificio destartalado y mugriento se elevaba apenas cuatro plantas. Un cartel oxidado al lado de la puerta indicaba que se trataba de la Subdelegación del Gobierno para el control de animales y plantas perjudiciales. Era una tapadera, por supuesto, pero aquello era demasiado cutre, este destino era un castigo, sin duda.
Atravesó la puerta, que colgaba pesadamente de unas bisagras llenas de óxido y suciedad. El olor a humedad que se respiraba dentro encajaba perfectamente con el descuidado vestíbulo, al fondo del cual había una mesa en la que se podía leer RECEPCIÓN. La mujer que se sentaba en la mesa, que le pereció una severa institutriz solterona y amargada de unos doscientos años, le atravesó con una mirada de desprecio que paralizaba hasta el corazón. Avanzó con dificultad hasta ella y consiguió hablar con un hilo de voz.
- So... soy Alberto Hinojosa, te... tengo una cita con...
Miró el trozo de papel, pero no podía leer nada de lo que le temblaba la mano. Sin apartar ni un momento su aterradora mirada de él, la recepcionista señaló el ascensor a su izquierda.
- Sótano dos.
La voz de la mujer sonaba como un tenedor arañando una pizarra, Alberto sentía una presión insoportable en el pecho y se dirigió casi corriendo al ascensor, entró notando esos dos ojos clavándose en su espalda y pulsó nervioso el botón del sótano dos. Mientras bajaba la presión se fue relajando y para cuando las puertas se volvían a abrir estaba casi riéndose de la absurda paranoia que le había entrado arriba, los nervios se dijo.
Al abrirse las puertas un sonriente joven de veintipocos años le estaba esperando.
- Usted debe ser Alberto ¿no? ¡Genial! Si es tan amable de acompañarme iremos a ver al señor Emeterio inmediatamente. Le envía por adelantado sus disculpas, ha surgido un asunto urgente y no le recibirá en su despacho.
Caminaron por un largo pasillo, el joven tenía una conversación agradable y Alberto no se percató de que el pasillo que recorrían era mucho más largo que el tamaño del edificio de arriba. Finalmente llegaron a una puerta metálica de doble hoja tan desvencijada como todo lo demás y que sólo se identificaba por un desgastado número pintado sobre ella. Distraidamente y sin parar de hablar sobre la lluviosa primavera que estaba haciendo, el joven apoyó la mano en un punto de la pared, un breve brillo recorrió la mano y la puerta se abrió, dando paso a una pequeña sala forrada de acero con otra puerta al fondo, esta con un aspecto mucho más moderno.
Entraron en la sala y la primera puerta se cerró sin hacer ningún ruido, Alberto se dio cuenta de que por dentro parecía igual a la otra y que su grosor era de al menos medio metro. La segunda puerta se abrió sola y un brutal gruñido seguido del estruendo de enormes golpes le sobrecogió.
- No tenga miedo, todo está bajo control.
Ahora estaban en una sala mucho más grande, forrada completamente de acero y con un gran ventanal al fondo por el que estaban mirando dos hombres. Uno de ellos, de cabello largo y poco cuidado, se giró cuando entraron.
- Vaya, tu debes ser Alberto ¿no? Te estabamos esperando, te ruego que me disculpes por recibirte aquí, pero hemos tenido que atender un... imprevisto.
El hombre, que aparentaba unos cuarenta años y se movía de forma elegante señaló hacia el ventanal donde, para sorpresa de Alberto, un ser de unos tres metros, de aspecto deforme, unos brazos desmesuradamente grandes y una piel de aspecto similar a la corteza de un árbol verde golpeaba brutalmente las paredes mientras gritaba con una potencia sobrehumana.
- Bien, no nos vamos a andar con rodeos, mi nombre es Emeterus. Estás aquí porque últimamente has desarrollado ciertas... habilidades y, por si te lo preguntas, eso de ahí dentro es un troll.
martes, 13 de mayo de 2008
Lluvia
Una niña corría por las calles grises de una enorme urbe, una de las muchas que infestaban el mundo. Los límites de hormigón y metal de cada una de aquellas inmensas manchas de progreso desbocado tocaban los de las de alrededor, cubriendo todo el planeta con una tupida red de asfixiante bienestar artificial.
Corría por calles de color ceniza y ceniza eran también el sabor y olor de aquellos caminos a ningún sitio. Las nubes se arremolinaban en el cielo, una gran tormenta se estaba gestando, y la niña corría hacia el sitio desde el que miraba las nubes esperando la lluvia.
Porque nunca llovía.
Había agua en las casas, que se purificaba una y otra vez. Los ríos estaban secos, aunque ya hacía mucho que sus lechos habían sido edificados, igual que los de los océanos. La cantidad de humanos que infestaban aquellas colmenas de cemento era tan grande que la comida escaseaba desde hacía años.
La niña nunca pensaba en eso, era demasiado pequeña, ella sólo quería ver llover. Escurriéndose por el hueco de una tapia destartalada llegó a su lugar secreto, en medio de un angosto patio lleno de suciedad, toda ella gris por supuesto, se erigían los restos de lo que hace mucho debió ser un árbol, el único que ella había visto jamás, aunque solo fuese medio tronco petrificado.
Se encaramó en la madera gris y se quedó mirando las nubes grises con expectación cubriendo cada rasgo de su escuálida cara. Sabía que no iba a pasar nada, pero le gustaba soñar con la sensación de las gotas empapando su cuerpo. Cerró los ojos y dejó que su imaginación abandonase aquella gris existencia durante unos momentos con alas de fantasía y esperanza.
Sonó un ruido como el de una explosión y abrió los ojos asustada. Nunca había oído un trueno.
plic
Notó una sensación extraña y se tocó la mejilla, mientras se miraba los dedos manchados de azul, más gotas empezaron a empaparla a ella y a todo lo que la rodeaba
plic plic plic plic plic
Reía y reía sin parar mientras una lluvia torrencial derramaba sobre la ciudad una infinidad de colores que lo teñían todo. Estaba empapada, con su piel antes grisacea cubierta con todo un arcoiris caótico y alegre. En medio de la tormenta de colores la niña dejó de bailar y reir un momento al observar que habia algo sobre el tronco del viejo arbol. Se acercó y observó detenidamene antes de romper a reir a carcajadas.
Nunca había visto una hoja y ni mucho menos una flor pero, no sabía por qué, le gustaban.
Corría por calles de color ceniza y ceniza eran también el sabor y olor de aquellos caminos a ningún sitio. Las nubes se arremolinaban en el cielo, una gran tormenta se estaba gestando, y la niña corría hacia el sitio desde el que miraba las nubes esperando la lluvia.
Porque nunca llovía.
Había agua en las casas, que se purificaba una y otra vez. Los ríos estaban secos, aunque ya hacía mucho que sus lechos habían sido edificados, igual que los de los océanos. La cantidad de humanos que infestaban aquellas colmenas de cemento era tan grande que la comida escaseaba desde hacía años.
La niña nunca pensaba en eso, era demasiado pequeña, ella sólo quería ver llover. Escurriéndose por el hueco de una tapia destartalada llegó a su lugar secreto, en medio de un angosto patio lleno de suciedad, toda ella gris por supuesto, se erigían los restos de lo que hace mucho debió ser un árbol, el único que ella había visto jamás, aunque solo fuese medio tronco petrificado.
Se encaramó en la madera gris y se quedó mirando las nubes grises con expectación cubriendo cada rasgo de su escuálida cara. Sabía que no iba a pasar nada, pero le gustaba soñar con la sensación de las gotas empapando su cuerpo. Cerró los ojos y dejó que su imaginación abandonase aquella gris existencia durante unos momentos con alas de fantasía y esperanza.
Sonó un ruido como el de una explosión y abrió los ojos asustada. Nunca había oído un trueno.
plic
Notó una sensación extraña y se tocó la mejilla, mientras se miraba los dedos manchados de azul, más gotas empezaron a empaparla a ella y a todo lo que la rodeaba
plic plic plic plic plic
Reía y reía sin parar mientras una lluvia torrencial derramaba sobre la ciudad una infinidad de colores que lo teñían todo. Estaba empapada, con su piel antes grisacea cubierta con todo un arcoiris caótico y alegre. En medio de la tormenta de colores la niña dejó de bailar y reir un momento al observar que habia algo sobre el tronco del viejo arbol. Se acercó y observó detenidamene antes de romper a reir a carcajadas.
Nunca había visto una hoja y ni mucho menos una flor pero, no sabía por qué, le gustaban.
Para ti, que no solo coloreas sonrisas, si no también tormentas
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