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martes, 30 de junio de 2009

Inocencia

Johnny estaba muerto de miedo. Aún no había cumplido los 16 y apretaba con fuerza el mango de la pistola que le habían dado. Era su primer tiroteo, no conocía al tío de su banda al que iban a vengar, pero esos hijos de puta habían matado a uno de los suyos y eso era razón suficiente.

Esperaron durante una hora agazapados detrás de unos coches a que apareciesen, la idea era pillarlos por sorpresa y coser a tiros a tres de aquellos cabrones que solían pasar por allí. Así que cuando una docena de tíos armados hasta los dientes doblaron la esquina, Johnny ya sabía que no iba a contarlo.

Sin saber muy bien por qué, se incorporó y apuntó como pudo con su temblorosa pistola, mientras el tiempo se detenía a su alrededor. Por el rabillo del ojo le pareció ver una trenza de color azul y apretó el gatillo.

La pistola se sacudió en sus manos y un colorido colibrí salió despedido del cañón mientras una orquesta sinfónica tocaba a todo volumen en sus oídos. Vio como otro de su banda que estaba a su derecha apuntaba con una escopeta a cámara lenta y una nube de confeti multicolor llenaba el aire.

Vio a uno de ellos descargar seis mariposas irisadas de un revolver.

Una pistola disparando serpentinas.

Una trenza verde.

Una ametralladora vomitando pompas de jabón.

Todo se tornó confuso, había colores por doquier, la orquesta no paraba de tocar y Johnny se acurrucó tras el coche hundiendo la cabeza entre sus rodillas.

Lo siguiente que recordaba era a un policía levantándole y zarandeándole mientras decía algo que no podía entender. Johnny imaginó que acabaría en un reformatorio, aunque a lo mejor le podrían enviar a la cárcel, le habían pillado en el lugar del tiroteo con una pistola en las manos. No tenía ni idea, a lo mejor le encerraban para siempre en una torre custodiada por un gigante. Tardó un poco en darse cuenta de que este último pensamiento había cruzado su imaginación de verdad, y le había parecido aterradoramente posible.

La prensa se hizo eco ampliamente de la noticia, no tanto por los quince muertos y seis heridos del tiroteo, últimamente cosas así eran bastante comunes, si no por el niño de no mas de cinco años que la policía había encontrado acurrucado en medio de aquella masacre, aferrado a una muñeca de trapo con trenzas de colores.

En cuanto a aquella duende de coloridas trenzas, se quedaría una temporada con ese niño, en estos oscuros tiempos la verdadera inocencia era uno de los más raros tesoros.

viernes, 3 de abril de 2009

A la luz del lorenzo...

Como hace mucho que no pongo payasadas aqui y empieza a hacer bueno tiempo, pues eso...

miércoles, 9 de julio de 2008

Para entender visiones arcoiris

"Amor mío

Se que ayer fue una fecha importante, se que hacía exactamente un mes que pronunciamos palabras inesperadas. Hacía un mes que aquella noche, en aquel coche, decidimos escuchar los gritos callados de nuestros corazones. Hacía un mes que, en definitiva, la tormenta dió visos de comenzar a despejarse.

Y en este tiempo, que me ha parecido eternamente breve, he sido incluso más feliz que antes.

Me gustaría poner como excusa que mis sentimientos me han privado del poco juicio que me queda y por ello no me di cuenta, o que el tiempo a tu lado se escurre entre mis dedos como la arena del reloj que mide los momentos felices, mucho más fina que la de el de los momentos tristes. Pero no puedo, simplemente se me olvidó. En el último momento no lo recordé.

No es esta una carta de disculpa, eso ya te lo pediré en persona, esta es una misiva destinada a dejar constancia del hecho más relevante sucedido ayer, hoy y (espero) mañana...

Me desperté soñando, imaginando, intuyendo, suponiendo, sabiendo, que te quiero."

Dejó la pluma sobre la mesa, una desagradable sensación de vértigo nublaba sus ojos mientras poco a poco recuperaba la conciencia de su entorno. Miró incrédulo el papel que él mismo, pues no había nadie más en la habitación, acababa de llenar de palabras escritas con tinta multicolor (pese a que la tinta que manchaba la pluma era totalmente negra).

Sin entender nada, miró a su alrededor, buscando más una señal que le dijese que aquello era un sueño que a alguien oculto. Finalmente leyó la carta que acababa de escribir y con las últimas palabras una amplia sonrisa iluminó su rostro. Efectivamente era un sueño, aunque no era suyo, y además uno tan real como hermoso.

martes, 13 de mayo de 2008

Lluvia

Una niña corría por las calles grises de una enorme urbe, una de las muchas que infestaban el mundo. Los límites de hormigón y metal de cada una de aquellas inmensas manchas de progreso desbocado tocaban los de las de alrededor, cubriendo todo el planeta con una tupida red de asfixiante bienestar artificial.

Corría por calles de color ceniza y ceniza eran también el sabor y olor de aquellos caminos a ningún sitio. Las nubes se arremolinaban en el cielo, una gran tormenta se estaba gestando, y la niña corría hacia el sitio desde el que miraba las nubes esperando la lluvia.

Porque nunca llovía.

Había agua en las casas, que se purificaba una y otra vez. Los ríos estaban secos, aunque ya hacía mucho que sus lechos habían sido edificados, igual que los de los océanos. La cantidad de humanos que infestaban aquellas colmenas de cemento era tan grande que la comida escaseaba desde hacía años.

La niña nunca pensaba en eso, era demasiado pequeña, ella sólo quería ver llover. Escurriéndose por el hueco de una tapia destartalada llegó a su lugar secreto, en medio de un angosto patio lleno de suciedad, toda ella gris por supuesto, se erigían los restos de lo que hace mucho debió ser un árbol, el único que ella había visto jamás, aunque solo fuese medio tronco petrificado.

Se encaramó en la madera gris y se quedó mirando las nubes grises con expectación cubriendo cada rasgo de su escuálida cara. Sabía que no iba a pasar nada, pero le gustaba soñar con la sensación de las gotas empapando su cuerpo. Cerró los ojos y dejó que su imaginación abandonase aquella gris existencia durante unos momentos con alas de fantasía y esperanza.

Sonó un ruido como el de una explosión y abrió los ojos asustada. Nunca había oído un trueno.

plic

Notó una sensación extraña y se tocó la mejilla, mientras se miraba los dedos manchados de azul, más gotas empezaron a empaparla a ella y a todo lo que la rodeaba

plic plic plic plic plic

Reía y reía sin parar mientras una lluvia torrencial derramaba sobre la ciudad una infinidad de colores que lo teñían todo. Estaba empapada, con su piel antes grisacea cubierta con todo un arcoiris caótico y alegre. En medio de la tormenta de colores la niña dejó de bailar y reir un momento al observar que habia algo sobre el tronco del viejo arbol. Se acercó y observó detenidamene antes de romper a reir a carcajadas.

Nunca había visto una hoja y ni mucho menos una flor pero, no sabía por qué, le gustaban.

Para ti, que no solo coloreas sonrisas, si no también tormentas

jueves, 17 de abril de 2008

Historia de piratas

Era un gran navío, de los más grandes que habían surcado los siete mares, con una tripulación fiera, un capitán despiadado, una bandera pirata y una tortuga como mascota. Lo de la tortuga era porque la trajo uno de los grumetes cuando se enroló y todos la cogieron cariño.

Cada día navegaban en busca de aventuras y tesoros, luchando contra monstruos marinos y asaltando barcos. Nunca habían sido derrotados y en las situaciones más desesperadas siempre encontraban la forma de salir airosos. Como en este mismo momento, que estaban luchando contra los malvados pescadores asesinos, todos vestidos de amarillo y liderados por el Capitán Pescanova. Se encontraban en la cubierta de su barco, que por cierto se llamaba el Megatiburón, peleando con valor a aquellos monstruos.

Les habían abordado cuando se dirigían a la Isla de la Calavera, donde estaba enterrado un fabuloso tesoro del que el capitán del Megatiburón tenía el único mapa. Los piratas tenían más y mejores cañones, así que los pescadores se lanzaron sobre ellos usando cuerdas y garfios. Llevaban ya una hora peleando y la lucha no se decantaba hacia ningún bando, los piratas eran más fieros y hábiles pero los pescadores eran incontables.

El capitán pirata retó a un duelo personal al Capitán Pescanova, éste aceptó, pero para fastidio de todos se les había hecho tarde y a varios de los valerosos piratas les llamaron para merendar. Quedaron en seguir buscando tesoros al día siguiente después de la escuela.


Dedicado a los niños que nunca debimos dejar de ser
y al Pirata Garrapata, por hacerme reír tanto

martes, 15 de abril de 2008

Inocencia

La pelota se resbaló de las manos del niño y salió rodando, con todos sus colores girando vertiginosamente. Llegó hasta el borde de una escalera y cayó rebotando con cada peldaño

ploc

ploc

ploc

ploc

ploc

Golpeó una pared y se detuvo.

El niño bajó corriendo, sus zapatos de colores pisando cada escalón

tap

tap

tap

tap

tap

Y al acercarse a la pelota para cogerla vio que se estaba agrietando

crac

crac

crac

crac

crac

La pelota se rompió en mil pedazos de colores y de su interior surgió un hada con grandes alas de mariposa.

- ¡Hola! ¡¡Gracias por cuidar de mí!!

El niño tenía los ojos como platos. El hada se rió, y su risa era como el tintineo de muchas campanillas de plata.

- Entiendo que estés sorprendido.... mmm... como agradecimiento ¡¡puedes pedirme un deseo!!

Tras pensar un poco el niño formuló su deseo.

Poco después, el hada miraba jugar al niño con la pelota, fascinada por la belleza de la inocencia en estado puro.

martes, 8 de abril de 2008

Out of sight, out of mind

Once upon a time, in a green and sunny countryside lived one little bee .
Every morning the little bee leaves her home and flies through the small willow woods, over the shiny river and across the fields of golden wheat. She travels so far because there grows a lonely sunflower; this was not a common sunflower but the one whom the little
bee loves.
The sunflower never talked to her, but she was sure about his feelings. "He is only a bit shy" -muttered for herself - "one day he will hug me and shout our love in the winds".
Spring gone and Summer comes, and the little
bee kept visiting her beloved sunflower, staying with him from dawn to dusk. "Only one more day" -swears in vain every night- "if tomorrow he doesn't talk to me, I will never come back".
One evening, crying over the sunflower, the little
bee suddenly saw all clear "During the day he can't talk to me because he must follow the sun movement, I must wait by his side until the night comes". The light vanished from the countryside and the sunflower lowered his head. One cricket landed over the sunflower by the little bee 's side.

- Hi! Why are you here? The day is over,
bees don't fly by night.

- I'm waiting for the words of love of this beautiful sunflower.

- What? This is a flower, flowers can't talk.

- But he loves me! I know it!!

- I don't want to break your heart, but that doesn't change anything, it can't talk.

- Shut up! Shut up!!! You don't understand anything!

The little
bee flew away crying, and never came back. Sometimes happiness is only found with eyes closed.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Revelaciones (Final)

La cara de Sebastian no terminaba de decidirse entre la sorpresa y la confusión. Lentamente, se incorporó mientras el extraño salía del agua y se acercaba a por la ropa que había dejado en la orilla.

- ¿Hermano? ¡Yo no tengo ningún hermano! ¿Cómo has podido verme?

Sebastian sentía ansiedad, incertidumbre, apenas si podía pensar con claridad. El extraño se giró hacia el con solo unos raídos pantalones de cuero puestos, en medio de su pecho destacaba tatuada una letra O de medio palmo de altura. Miró a sebastian y lanzó una carcajada.

- No me digas que tu tampoco recuerdas nada... - Con un cómico suspiro miró al cielo - Jeeesus, vaya jaleo se ha montado...

No entendía de que estaba hablando este extraño personaje, trató de recordar a algún hermano en su infancia pero no pudo, sin embargo poco a poco una terrible certeza se abrió camino hacia su mente. No recordaba nada, su último recuerdo se remontaba a hacía un par de meses cuando entró en aquella oscura tienda y encontró a la primera de sus musas...

Se le heló la sangre, ¡su musa!

- ¿Donde...?

Con un gesto firme y seguro, el extraño apoyó su mano sobre el hombro de Sebastian mientras le sonreía.

- Tranquilo, está bien, he cuidado de ella.

La pequeña musa voló hasta la mano del desconocido, le lanzó un beso y voló de nuevo hacia Sebastian riendo alegremente y fundiéndose en su garganta.

- Debes seguir buscándolas, no importa lo que recuerdes ni lo que creas, alguien ha hecho algo terrible y se ha alterado lo que debía pasar. No se porqué yo me he mantenido sin cambiar, pero tu y el otro de nuestros hermanos que me he encontrado desde aquello habéis perdido la memoria. Quizá reunirte con todas tus pequeñas te complete de nuevo.

- ¿Otro hermano? ¡Tienes que contarme más!

Miró a su recién descubierto hermano mientras se ponía un simple chaleco de cuero sobre el torso desnudo. El tatuaje de su pecho podría ser también una Q

- Bueno, no te pongas nervioso, te contare unas cuantas cosas que he averiguado, aunque no a cambio de nada...

- Si lo que buscas es dinero... - Sacó un puñado de gemas del bolsillo de su abrigo.

- Ja ja ja ¡Vaya! ¡Aun tienes ese abrigo tan útil! - Cogió las gemas que le tendía el otro y observó con detenimiento un rubí perfecto - Siempre tuviste talento para estas cosas.

Lanzó el rubí al agua del río haciendo que saltase varias veces sobre su superficie y empezó a caminar hacia el puente.

- ¿No vas a venir? En realidad el pago que quiero es que me amenices un poco el camino cantando algo, yo lo hago fatal je je je.

Mil preguntas se agolpaban en la mente de Sebastian, sacudió la cabeza para aclararse un poco y vio que el extraño se alejaba a buen paso. Dudó solo un momento antes de correr para alcanzarle.

Sin saber por qué, de repente tuvo claro que el tatuaje del pecho de este que decía ser su hermano era un cero.

martes, 4 de marzo de 2008

Revelaciones (Primera parte)

Sebastian caminaba por un camino que discurría junto al margen de un río poco profundo, agradeciendo la sombra de los árboles que crecían en la rivera del cauce. Llevaba ya varias horas andando desde que en el último pueblo le indicasen que el hombre al que había estado siguiendo la pista había partido en esta dirección. Estaba convencido de que éste retenía a otra de sus amadas musas y que de algún modo sabía que Sebastian le estaba buscando, por eso había huido del pueblo.

Con estos pensamientos rondándole llegó a una curva del cauce que el camino salvaba mediante un pequeño puente de madera escondido entre los árboles. El lugar perfecto para una emboscada, pensó Sebastian. Aunque este pensamiento se desvaneció
en un mar de sorpresa casi nada más nacer, de entre la vegetación de la orilla junto al puente venia una melodía potente y desafinada. Alguien estaba cantando, todos los planes y estrategias de Sebastian de derrumbaron ante la posibilidad de que quien cantase fuese su presa.

Proyectando la ilusión de ser invisible, se acercó con cuidado a la arboleda que rodeaba el puente. Cuando se asomó al cauce necesitó de todo su autocontrol para evitar exclamar sorprendido una vez más. A la sombra del puente, donde el río formaba un pequeño remanso, se encontraba bañándose el hombre que le habían descrito y al que llevaba varios días siguiendo.

Era un hombre de complexión robusta, con el pelo
rubio y corto excepto una trenza que arrancaba de su nuca y se sumergía en el agua que le llegaba por la cintura. Se encontraba de espaldas a Sebastian, lo que le permitía ver que tenía varios tatuajes en los hombros y antebrazos. Sin embargo, lo que hacía aquella escena cómica y terrible a la vez, era que el hombre cantaba a voz en grito desafinando mucho, aunque extrañamente el resultado era muy bello, y delante de el bailaba sobre el agua un pequeño ser de luz con aspecto de mujer alada. Una musa, su musa.

Los pensamientos se agolpaban en su cerebro, tratando de imponerse unos sobre otros al ritmo frenético de su corazón. No recordaba haberse encontrado nunca en tal estado de confusión y pánico. Hasta que de repente, el hombre dejó de cantar y se giró hacia los arbustos entre los que se escondía. Miró directamente hacia el y sonrió.

- ¡¡Cuánto tiempo!! Me alegro mucho de verte, hermanito.

Continuará...

domingo, 2 de marzo de 2008

Sonrisas

Érase una vez un severo profesor que paseaba por el bosque cercano a la pequeña ciudad en la que vivía. Don Cosme tenía fama de estricto y severo, los niños del colegio donde daba clase le temían, pues había llegado a castigar a un alumno por sonreír en su clase.

Gustaba Don Cosme de disipar las estúpidas fantasías de sus alumnos, tales como cuentos de hadas y tonterías similares. En esto que según paseaba por el bosque el profesor vio sobre una flor las alas de una mariposa enorme con unos colores llamativos y brillantes, aficionado como era al estudio y colección de raros insectos se acercó despacio a la flor y con un movimiento rápido y preciso lanzó su gorro sobre la mariposa. Con mucho cuidado para no hacer daño al delicado insecto, recogió el gorro cerrándolo rápidamente y se fue hacia su casa.

Una vez en casa, cogió un bote grande y con mucho cuidado fue abriendo la abertura del gorro de tal forma que encajase en la boca del bote. Pero cual fue su sorpresa cuando lo que cayó en el bote no fue una mariposa enorme, si no una persona diminuta con un par de llamativas alas de mariposa en la espalda y vestida con lo que parecían pétalos de diversos colores y formas. Del susto , Don Cosme soltó el gorro y se tropezó con una silla, quedando sentado en el suelo con una mueca de sorpresa. El curioso ser salió volando rápidamente de bote pero, en lugar de marcharse por la ventana, se posó sonriendo en la rodilla del sorprendido profesor.

- Hola.

Al ver que aquella personita también era capaz de hablar, el maestro abrió mucho la boca quedándose congelado con una expresión de sorpresa bastante tonta. El hada, porque estaba claro que eso era un hada, rió divertida y su risa le sonó a Don Cosme como el tintineo de pequeñas campanillas de plata.

- ¡¡Vaya cara que se te ha quedado!! Ya que me has traído hasta aquí de una forma tan incomoda por lo menos podrías saludar, yo me llamo Naru. – Observó divertida la cara congelada del profesor y sonrió.

- Ho.. hola... yo...me me llamo Cosme.

- ¡¡Bien!! ¡Puedes hablar! No te preocupes por lo del gorro, que por cierto huele fatal, por la cara que has puesto al verme creo que me has confundido con otra cosa.

El hada rió de nuevo, empezó a volar, se acercó al profesor y le besó en las mejillas. Muak muak.

- Me tengo que marchar, mis pequeños se preocuparán si tardo mucho más en llegar a clase.

- ¿A clase? ¿Tu eres profesora?

- ¡Pues claro! ¿Quien sino una profesora iba a acercarse a ti para enseñarte a ser menos rancio?

Riendo, el hada se fue volando por la ventana. Al día siguiente los alumnos esperaban a Don Cosme, todos quietos en su sitio por miedo a ser castigados. El profesor entro por la puerta y les saludó como cada mañana, pero todos tardaron un poco en reaccionar, no creyéndose lo que acababan de ver. El estricto Don Cosme les había sonreído.

Dedicado a esa hadita que nos pinta sonrisas de color :)

lunes, 18 de febrero de 2008

Finales posibles

Dormía, y en sueños comenzó a imaginar.

Imaginaba, y en sus fantasías echó a volar.

Volaba, y en su ascenso llegó ante una puerta.

Una puerta hecha de quizás y jirones de posibilidades, sin ninguna cerradura ni manilla.

Se acercó a la puerta y estaba bajando unas escaleras empinadas que descendían en círculos.

Cuando llegó arriba se encontró en una sala llena de pompas de jabón, cada una con una imagen en su interior.

Miró las imágenes probando su sabor y vio que dentro de cada espejo había un final

Finales posibles, finales que nadie había escrito, pero que sí se habían imaginado.

Olió, y en cada imagen leyó una posibilidad.

Un hombre vestido de colores con una carta rota.

Un dragón que caía entre las nubes.

Un niño recogiendo un juguete.

Tantos sueños sin dueño, tantos recuerdos sin vivir, tantas historias sin contar.

Una lágrima resbaló por su mejilla al tocar una imagen que se convirtió en humo.

Despertó, sobresaltada en la oscuridad de su habitación. Su madre entró, arropándola y dándole un beso en la frente. Cerró la puerta, sin dejar de preguntarse como se habría manchado la niña la mano de pintura de colores.

lunes, 11 de febrero de 2008

Pescando colores

Érase una vez un claro de un bosque donde muchas hadas pequeñas, de apenas cinco años de edad, jugaban y reían mientras un hada mayor, de pelo castaño muy rizado y alas de mariposa, les explicaba cosas sobre el bosque en el que vivían.

Una mañana, mientras todos escuchaban cómo hacerse un sombrero con una flor, David, una pequeña hada muy revoltosa, vio una mosca grande y verde que pasaba volando por el límite del claro y, sin que nadie le viese, fue detrás de ella para ver donde iba.

Por suerte la mosca no era muy rápida, porque David aún era pequeño y sus alitas no le permitían ir muy deprisa. Siguiendo a la mosca encontró una charca en la que estaba pescando un duende de color morado con unas enormes orejotas y un gorro de dormir naranja.

- ¿Que haces?- Pregunto la pequeña hada.

- Estoy pescando, pescando estoy - Respondió el duendecillo con una voz parecida al chirrido de una tiza en la pizarra.

David se acercó un poco más y miró curioso el agua, que era de muchos colores

- ¿Y que estás pescando?

- Estoy pescando colores, colores pescando estoy

- ¿Colores? ¿Peces de colores?

El duende miró a David con cara de no entenderle

- Pesco colores, colores pesco. Sólo colores, colores solo

La pequeña hada iba a decirle que eso era imposible, que los colores no se pueden pescar cuando el duendecillo comenzó a saltar nervioso sujetando con fuerza su caña.

- ¡Ha picado uno! ¡Uno ha picado!

De un fuerte tirón sacó la caña del agua con una burbuja de color morado en su extremo. David no se lo podía creer ¡había pescado un color morado! Pero el duende puso cara de tristeza.

- Morado ya tengo, tengo ya morado - Miró a David y le ofreció la burbuja - Toma, un regalo, un regalo toma.

Con los ojos como platos cogió la burbuja morada y empezó a volar a toda prisa para enseñársela a sus amigos. Tan contento iba que no vio a la mosca que había estado siguiendo antes y se chocaron en el aire.

¡¡¡CHOFFF!!!

Un poco mareado por el golpe, David miró alrededor y vio alejarse a la mosca, que ahora era de color morado, a toda velocidad. Se iba a reír cuando se dio cuenta de que sus manos y brazos también eran morados, todo el era morado.

Voló todo lo deprisa que pudo hacia el claro y cuando llegó todos sus compañeros empezaron a reírse al verle así. La profesora sonrió y pidiendo silencio les dijo a todos.

- Bien, eso es todo por hoy. Mañana David nos enseñará a pescar colores, a ver si entre todos encontramos uno que le quede mejor.

sábado, 9 de febrero de 2008

Segundo encuentro (Final)

Llevaba dos días vigilando la destartalada casa que servía de guarida al traficante que le vendió la sustancia multicolor, Dothar, se llamaba. Había podido verle salir y entrar muchas veces, y también a otra docena de hombres de tan mala catadura como el que debía ser su jefe.

No le costaba espiarles, ahora que había recuperado parte de su inspiración era capaz de hacerse pasar casi por cualquiera. Y eso hacia en este mismo momento, acercándose a la puerta del cubil de Dothar con toda tranquilidad, con el aspecto de uno de sus secuaces que había demostrado una especial debilidad por el vino peleón, y que ahora mismo estaba durmiendo la enorme borrachera que él le había financiado.

El hombre que estaba apostado en la puerta, igual de malcarado y desagradable que el resto le dejó pasar no sin antes gritarle y amenazar con partirle las narices por los andares de borracho que exhibía. Una vez dentro se dirigió discretamente hacia un lugar apartado, debajo de las destartaladas escaleras que conducían al la planta superior. Necesitaba acceder al sótano, pero la puerta que llevaba a el estaba fuertemente vigilada y solo Dothar podría franquearla. Había pensado en la posibilidad de disfrazarse del jefe de la banda, pero no le gustaban los planes con cabos sueltos, y ahora mismo no sabía donde se encontraba el traficante.

Clavó rodilla en tierra y miró su palma derecha, el pequeño frasco de irisado líquido parecía brillar en la penumbra de aquel mugriento rincón. No, no parecía, se corrigió, realmente brillaba. Con un suspiro aplastó el frasquito en su puño, sintiendo la punzada de los cristales. Volvió a abrir la mano donde ahora el elixir de colores se mezclaba con su propia sangre. Rápidamente, pues sabía que no duraría mucho, mojó dos dedos de su mano izquierda en la mezcla y con un familiar sentimiento de claridad comenzó a trazar con decisión sobre el sucio suelo lo que en pocos segundos se convirtió en una trampilla de aspecto casi real.

Sonrió con cierta tristeza, casi real se dijo. Apartó la melancolía de su mente y tiró con fuerza de la argolla de la trampilla, que se abrió pesadamente mostrando la mortecina claridad del sótano. Con un ágil salto entró sin hacer ningún ruido y rápidamente comenzó a registrar la colección de maravillas y atrocidades de Dothar.

Por fin, sobre una sucia mesa de trabajo la encontró. Estaba sujeta a un pequeño arnés y lentas gotas de colores que manaban de cortes en sus muñecas caían a un recipiente situado debajo de ella. Desterró las lágrimas que acudieron a sus ojos al ver así a una de sus pequeñas, con manos temblorosas aflojó sus ataduras y la colocó sobre la palma de su mano.

- ¿Que te han hecho? ¿Que puedo hacer para...?

La pequeña fata abrió sus almendrados ojos color cielo y sonrió levemente para convertirse inmediatamente en una ligera neblina multicolor que se desvaneció con el leve soplo de su respiración.

Estaba aturdido, no sabía que hacer. Miraba su mano vacía con una expresión a medio camino entre la tristeza y el terror cuando un pequeño golpe le devolvió a la realidad. Miró hacia la mesa buscando la fuente, en una botella grande, un pequeño ser de aspecto grotesco golpeaba el cristal en su dirección. Lo reconoció como un duende de tinta, algo bastante común en el laboratorio de un traficante, pero este tenía un aire especial. La sustancia viscosa que cubría el cuerpecillo del duende no era del color de alguna tinta, como solía ser habitual, este exudaba un fluido multicolor. Eso y los ojos almendrados color celeste del duendecillo casi paran el corazón del joven, ese bastardo de Dothar había estado dándole la sangre de la pobre musa al duende, torturando a ambos para multiplicar sus beneficios. Sin dudar, extendió la mano hacia la tapa de la botella y la abrió, el pequeño ser saltó a su mano izquierda y le miró a los ojos un segundo antes de fundirse a través de su desgastado guante.

Dothar entró en su laboratorio y vio al joven de espaldas inclinado sobre la mesa donde tenía u recurso más rentable.

- Vaya, vaya, vaya, que tenemos aquí, un ladrón que es hombre muerto y no parece saberlo.

El joven ni siquiera se movió.

- ¿Crees que tus cuchillitos y tus trucos podrán sacarte de esta?

Varios de los hombres del traficante habían bajado también al sótano y empuñaban al igual que su jefe una pléyade de armas. El intruso se dio la vuelta y Dothar se dio cuenta de que el guante que le cubría tanto la mano como el antebrazo izquierdos era ahora de múltiples y vivos colores.

- Creo, mi muy estimado bastardo desalmado, que hoy aprenderás un par de cosillas, una es que las musas no pueden morir, sólo se ausentan temporalmente o...

Miró significativamente el guante multicolor

- ... cambian, la segunda y quizá más importante para tu miserable existencia, es que conozco “trucos” nuevos.

Con unos rápidos gestos dibujó una gran cantidad de llamas sobre las estanterías del laboratorio que parecían casi reales...

jueves, 7 de febrero de 2008

Segundo encuentro (Primera parte)

La taberna era un sitio lóbrego y maloliente, el fuego de la enorme chimenea y los numerosos parroquianos que abarrotaban el local hacían que el ambiente en aquel lugar fuese aún más asfixiante. El suelo, de madera de aspecto aceitoso y mugriento estaba lleno de todo tipo de desperdicios, incluyendo los que habían bebido hasta perder la verticalidad.

La destartalada puerta se abrió enviando sin ceremonias a un borracho sobre una mesa cercana. Una figura atravesó el umbral sin prestar atención a la trifulca que su entrada había provocado en el local. Recorrió la gran sala con la vista y finalmente se dirigió directamente hacia una pequeña mesa ocupada por un solo hombre de aspecto taciturno.

- Buenas noches, ¿bebéis solo?

El hombre, con una amenaza pintada en cada facción de su rostro levantó la mirada hacia el recién llegado y vio a un joven delgado cubierto con un viejo abrigo y un sombrero de ala ancha que le ensombrecía el rostro. Escupió antes de hablar entre dientes, con los ojos rebosantes de ira mal contenida.

- Quizá si te metes en tus asuntos y desapareces de esta ciudad ahora mismo, no haga que tú no vuelvas a beber, solo quizá.

El joven ni siquiera pestañeó ante las palabras del su amenazador interlocutor, lo que contribuyó a aumentar la ira de éste último que con un rápido gesto empezó a levantarse llevándose la mano hacia el costado. O mejor dicho, intentó hacerlo, porque en lo que dura un parpadeo el joven había hecho surgir dos cuchillos como por arte de magia, clavando con uno de ellos la manga del sorprendido hombre a la mesa y colocando el otro sobre su cuello.

- Mis palabras eran sólo una cortés invitación para que bebamos juntos, por favor, sentaos.

Sin apartar la mirada de los ojos del otro, ambos hombres se sentaron. Con unos hipnóticos giros ambos cuchillos desaparecieron en las mangas del joven, que ahora sonreía.

- Así mucho mejor, esperaba que hubiésemos podido hablar sin tener que llegar a estos extremos, pero qué se le va a hacer. Bien, quería hablar con vos sobre una mercancía muy muy especial de la que he oído maravillas.

El rostro del asustado maleante se relajó visiblemente, dejando incluso escapar un suspiro de alivio.

- ¡Ah! Era eso lo que buscáis. Jajaja, ¡¡Haberlo dicho antes hombre!!

Con una sonrisa tensa tallada en el rostro, rebuscó en sus bolsillos. Temblando, depositó sobre la mesa una pequeña ampolla de cristal llena de una sustancia viscosa de vivos colores.

- Esto es lo que buscáis. Sus efectos son sorprendentes, aunque no es barato. Sin embargo, os aseguro que una sola gota de este elixir hará del artista más inútil un genio... por un tiempo limitado, claro.

El joven, que no había dejado de mirar fijamente el frasquito, metió la mano en uno de sus bolsillos y extrajo un puñado de gemas de múltiples colores.

- Espero que esto sea suficiente.

Sorprendido, el traficante empujó la ampolla hacia el joven y recogió las gemas con codicia, mirando alguna de cerca para comprobar su calidad.

- Jejeje, en un par de días tendré más, por si os int..

- No, con esto tengo de sobra.

Sin decir nada más, se levantó y salió del hediondo local. En la fría noche miró el pequeño frasco que sostenía en la mano mientras una lágrima se deslizaba por su mejilla. Cerró el puño y ya solo quedaba determinación en su rostro. En unos rápidos pasos había desaparecido en la oscuridad.

Continuará...

jueves, 31 de enero de 2008

Plaga

Celebraban su reunión anual, en las profundidades de las mas oscuras catacumbas bajo la torre construida con huesos de la isla olvidada poblada por los fantasmas de los náufragos.

La iluminación en la sala era casi inexistente, aumentando la oscuridad de las ropas y rasgos de los presentes. En torno a una enorme mesa de hierro oxidado, 13 figuras de negros ropajes se sentaban en tronos compuestos de huesos humanos. Todos ellos eran seres tan poderosos como malvados, tiranos que gobernaban imperios con puño de hierro, locos que experimentaban con seres humanos de formas inconfesables, magos ávidos de poder que recurrían a artes prohibidas para saciar sus ansias.

Una vez al año, esta colección de expresiones de maldad y vileza se reunía para coordinar sus acciones, intercambiar noticias y amenazas y tratar de exterminarse unos a otros. Se observaban entre ellos, con tanta avaricia como desconfianza, uno de ellos llegaba tarde a la cita y todos trataban de discernir cual de los demás podría haberlo eliminado.

Las puertas de la sala chirriaron de forma agonizante y una figura delgada y encorvada entró. Vestía una capa negra con una capucha que ocultaba completamente su rostro. Pero los presentes no necesitaban verlo para identificar al recién llegado, era Vastalis, un poderoso mago experto en la experimentación con seres vivos.

Se sentó en su sitio y comenzaron la reunión. El ritual tradicional exigía que los asistentes vertiesen unas pocas gotas de sangre, o el fluido que corriese por su cuerpo, sobre un sello de cristal encajado en la mesa frente a cada uno de ellos. Al hacerlo, el cristal se tornaba negro como el carbón, confirmando la identidad de los reunidos. Todos ennegrecieron sus cristales, todos excepto Vastalis, que no había puesto su sangre aún. El comportamiento del mago era muy extraño y los señores del Mal se prepararon de forma más o menos discreta por si algún necio había intentado colarse en su reunión.

Lentamente, los más perceptivos jurarían que con cierto temblor, Vastalis vertió unas gotas de sangre sobre su sello, el cual empezó a ennegrecer pero se detuvo en un tono apenas grisáceo. Incluso, si se observaba atentamente, se podían distinguir ligeros tonos irisados en el cristal. Sacando sus armas o invocando negras energías los reunidos se abalanzaron sobre el impostor, que se levanto precipitadamente apartándose de ellos.

- ¡Alto! Soy yo, Vastalis

Se quitó la capucha, mostrando el conocido rostro del mago, aunque todos observaron que había algo diferente en el, sus ojos revelaban un brillo que nunca habían visto en un miembro del oscuro consejo.

- ¡¡No soy un impostor!! ¡¡Dejad que me explique!!

Se miraron entre ellos para después clavar la mirada en el mago, que interpretó este gesto como un permiso para hablar.

- Hace unos meses capturé a un hada en el bosque esmeralda y me dispuse a efectuar unos experimentos que llevaba bastante tiempo preparando. Se escapó, pero antes esa maldita bruja me hizo algo, mirad

Con un gesto, el mago hizo aparecer los que debía ser una oscura esfera de tinieblas sobre la palma de su mano, pero en su lugar surgió una esfera de luz de vivos colores.

Los señores del Mal se cubrieron los ojos por la molesta luz, mientras proferían gritos de ira e indignación. El mago hizo desaparecer la esfera con un gesto de asco.

Algunos de los presentes que sentían curiosidad se acercaron con cautela a su desdichado compañero.

- ¿Y como fue? ¿Te lanzó un hechizo, te inoculó un veneno quizá? ¿Alguna maldición, una enfermedad?

- No, no... No soy capaz de explicarlo, no fue algo que me hiciese... Creo que fue su presencia, su luz en mi lóbrego laboratorio...

Los que estaban observando al mago se apartaron temerosos, sus ojos parecían más brillantes y su cara más luminosa. Transmitía algo que no podían calificar, pero que les causaba pavor.

- Vastalis, es evidente que te han contagiado con algún tipo de enfermedad de la luz, y nos has puesto en peligro a todos viniendo. Debes buscar a esa hada y sacarle una cura.

El rostro del mago pareció de pronto mucho más joven, no se le había ocurrido buscar de nuevo a la pequeña hada. Todos vieron horrorizados como una sonrisa brotaba de sus resecos labios.

- Si, si, ¡es una idea estupenda! ¡¡Saldré ahora mismo a buscarla!!

Con paso presuroso salió de la sala pensando donde podría encontrar a la pequeña fata.

Todos los demás señores del Mal se miraron preocupados, no tenían ni idea de que podría estarle pasando a Vastalis. Cosa lógica, porque realmente era la primera vez que uno de ellos se enamoraba.

jueves, 24 de enero de 2008

Dogma

Con un remolino de colores por atuendo, el suelo por zapatos y el cielo por sombrero, caminaba con el arco iris en una paleta y sus dedos como pinceles.

Pintó el cielo con vivos azules y la tierra con tonos de verde y marrón.

Caminaba mientras reía y reía mientras caminaba, sus pasos seguidos por una banda de sueños con incontables instrumentos, música alegre y de ritmos rápidos como los movimientos del Pintor

Con todos los amarillos y blancos imaginables, la obra se iluminó.

Un rápido trazo marcó el horizonte, en la parte verde de la tierra definió árboles, plantas y brillantes flores

Sus ojos, marcados por exagerado maquillaje, estaban tan llenos de alegría como de creatividad, moviéndose inquietos.

Se quitó la roja nariz redonda que llevaba y con colores de fuego la estampó en el cielo azul, salpicándolo luego con gotas blancas que no se percibían a simple vista.

Paró, y el alboroto que le servía de séquito alteró su ritmo, aunque seguía siendo frenético y alegre como cientos de niños jugando en un enorme parque.

Concienzudamente, fue pintando peces, pájaros y todo bicho viviente que se le ocurrió. Al final se quedó pensando un momento y pintó un par de bichos que se parecían más a el, para ver que tal quedaban en esa obra.

Sin parar de bailar, se dio la vuelta hacia su banda y les propuso un juego, ese día, el séptimo lo pasarían festejando todo lo que habían hecho y después todos los músicos se esconderían en la obra mientras los dos pequeños seres que se parecían a el trataban de encontrarlos.

Y los sueños se escondieron por el mundo, y los descendientes de esos dos primeros payasos aún los buscamos, sin parar de bailar :)

Una razón

Caminaba por calles borrosas, un velo de húmeda tristeza cubriendo sus ojos. Ya hacía tiempo que la existencia había perdido sentido, sin razones para querer ver un nuevo despertar del Sol. Se detuvo, sus pasos habían terminado en el portal de esa gris prisión a la que en un tiempo llamó hogar, convertida ahora en oscuro pozo de recuerdos amargos.

Había decidido subir a la azotea para contemplar aquella miserable existencia y levantar el vuelo hacia lo que viniese después, ya fuese otra vida o simplemente el olvido. Si tan solo pudiese encontrar una razón para continuar luchando... Pero no la había, todo en su vida había fracasado, era hora de enfrentarse a su única salida.

En las escaleras que llevaban al portal, antesala de su camino de salida, una niña de unos tres años jugaba con una muñeca de trapo. Se detuvo pensando en cuan simple era la vida a tan tierna edad y cuan negra se volvía al envejecer. La niña levantó la vista y tras un momento salió corriendo y dobló la esquina. ¿Tanto se asomaba a su rostro su horrible alma? Decidió acabar de una vez, subió los peldaños y al pisar el último notó que tiraban de su ropa. Se giró y vio que la niña sujetaba una flor silvestre en su dirección, tomó la flor y la niña sonrió.

- No estés triste.

Sin poder apartar la vista de la flor o la niña, que había vuelto a jugar con su muñeca, se sentó en el escalón. Más lágrimas acudieron a sus ojos, pero estas eran de un tipo que hacía mucho tiempo que no probaba. Poco a poco una sonrisa curvó sus cansados labios. Había encontrado una razón, la salvación era algo tan simple...

viernes, 28 de diciembre de 2007

cuento para dormir

- Erase una vez, en una tierra muy lejana...

El anciano comenzó una historia como siempre hacía, aunque lo único que repetía era el principio pues inventaba una nueva trama cada vez. La niña estaba enfrente de el, sentada en el suelo con las piernas cruzadas y la cabeza apoyada en las manos, con los ojos muy abiertos por la expectación.

- … reinaba un Rey sabio y justo, al que todo el pueblo quería. El Rey vivía felizmente en un castillo de grandes torres desde las que se podía contemplar todo el reino. Cuatro eran l…

- ¿De que color?

- Umf ¿que?¿como?

- Que de que color era el castillo, el del rey

- Ermmm, pues… gris, supongo, de piedra…

- Jooo, gris noooo

- ¿Por que gris no? Es de piedra, así que será gris

- ¡Pero no se puede vivir feliz en una casa gris! Verde, el castillo era verde, es un color muy bonito

- ¿Verd..? oh, de acuerdo, como quieras, el castillo era verde. ¿Por donde iba? Mmmm…. Ah, si, Cuatro eran los hijos del rey, dos niñas y dos niños , que vivian con el en el castillo.

Una mañana, los cuatro se escabulleron de la vigilancia de sus cuidadores y se fueron a jugar al bosque. Jugaron y jugaron sin darse cuenta de que se alejaban cada vez más del castillo, se adentraron mucho en el bosque y llegaron a un claro en el que vieron a un hombre vestido con harapos sentado en una pied…

- ¡Amarillos!

La interrupción cogió por sorpresa al anciano, que dio un respingo - ¿Cómo? ¿Qué pasa ahora?

- Los harapos del señor del claro, amarillos le quedarían bien…

- Amarillos… pf, de acuerdo, de acuerdo… Como iba diciendo, el hombre estaba sentado en una piedra y parecía estar trenzando pequeñas ramas. Llevados por la curiosidad, los niños se acercaron al hombre y le preguntaron que hacía. Riendo, el desconocido les mostró que estaba haciendo muñecos de ramitas trenzadas. Les miró con una cara que les dio algo de miedo pero se olvidaron de ella cuando el extraño les dio un muñeco a cada uno. Los muñ…

- Azules

Confundido por la nueva interrupción de la niña, el anciano tardó un poco en reaccionar - ¿Los muñecos? Pero si eran de ramitas…

- Bueno, entonces los árboles eran azules también, con las hojas naranjas.

- Dios santo…. De acuerdo, cariño, como más te guste… Los muñecos, como decía, representaban a dos niños y dos niñas también. Se despidieron del hombre del claro y se dirigieron hacia el castillo, muy felices con sus nuevos juguetes, pero se dieron cuenta de que no había ninguna marca en la hojarasca o los árboles que les indicase cual era el camino de vuelta a su casa. Asustados, pues estaba empezando a anochecer, se abrazaron los cuatro al pie de un viejo árbol, temblando de miedo.

Empezaron a oir toda clase de ruidos, y los dos más pequeños comenzaron a sollozar. Sus hermanos les tranquilizaron hasta que uno de ellos comenzó a gritar y tiró su muñeco. "Se ha movido" decía "se ha movido solo" sus hermanos le miraron con gesto burlón, pero se asustaron mucho al darse cuenta de que sus muñecos también se movían. Los lanzaron lejos de ellos, momento en el que se dieron cuenta de que un enorme lobo…

- ¡Morado!

- Ermmm, un enorme lobo les observaba con una sonrisa que dejaba ver unos colmillos…

- ¡Rosas!

- …unos colmillos enormes. Los niños se abrazaron aún más, apretandose contra el tronco del árbol, mientras el lobo se acercaba cada vez más a ellos. Entonces, saltó con las fauces llenas de dientes abiertas de par en par… en ese mismo momento, el hombre del claro, que había aparecido de la nada, golpeó al lobo con su bastón le hizo huir.

El extraño se acercó a los niños y sonriendo les dijo "soy el guardián del bosque, y estos son mis pequeños ayudantes, que me han avisado de que estabais en peligro" Los niños vieron como los muñecos de ramitas se movian como si fuesen personas. El guardián del bosque tocó la cabeza de cada uno de ellos y cayeron en un profundo sueño.

A la mañana siguiente un gran alboroto despertó a los niños, se encontraban en el linde del bosque, muy cerca del castillo. Su padre llegó corriendo guiado por el sirviente que les había encontrado, abrazó a los cuatro llorando de alegría y les hizo prometer que nunca volverían a darle un susto así. Confusos, los niños fueron llevados al castillo sin saber si habían soñado la fantástica historia del dia anterior, todos menos la pequeña, que entre sus ropas escondía un pequeño muñeco de ramitas…

El anciano observó sonriente a la niña, que se había quedado dormida con una hermosa sonrisa en los labios

- Y colorín colorado

viernes, 21 de diciembre de 2007

El hallazgo

El interior desordenado, sucio y oscuro de la pequeña tienda parecía abrazar al recién llegado como el hijo pródigo que vuelve tras largo viaje. Sus ropas, igual de desordenadas, sucias y oscuras que su apócrifa madre, dejaban entrever sólo una pequeña porción de su blanquecino y demacrado rostro.
El ser, aparentemente humano y de sexo indeterminado, que regentaba la tienda salió al encuentro de su posible cliente con lo que Sebastian supuso que pretendía ser una sonrisa, él lo clasificaría en el apartado de muecas espeluznantes.

- ¿Que puede este humilde buhonero ofrecer a tan apuesto viajero?

- He oído que tienes a la venta una mercancía muy especial... una mercancía... viva.

- ¡Oh! ¡Tengo a la venta gran cantidad de mercancías vivas para cubrir todas las... necesidades que pueda tener un caballero como vos!

- No me interesa tu morralla agonizante, sé que hace poco conseguiste hacerte con una fata viva. Quiero comprarla.

- Ji ji ji, parece ser que hay gente que habla demasiado...

- Si se les... persuade lo suficiente... sí.

- ¿Crees que cualquier matón de tres al cuarto puede venir a mi casa a pedirme algo que jamás podría soñar con poder pagar? Esa es una mercancía de reyes, ¡no de mendigos!

- Je, ¿entonces por qué la tienes tú? - Alzó una mano en señal de calma ante el gesto de irritación del buhonero y con la otra sacó del bolsillo de su desgastado abrigo un puñado de brillantes gemas- Como comprobarás, tengo más riquezas de las que nunca podrías soñar con poder ganar.

La expresión del vendedor cambió de inmediato a una cara de asombro y codicia, y en menos de cuatro latidos de corazón había vuelto de la trastienda con una jaula cubierta por un mugriento trapo.

- Aquí está - levantó levemente el trapo por el lado más cercano a Sebastian y una tenue luz iluminó todo el siniestro local - ¡Es una fata auténtica! ¡Ya podéis ver lo poderosa que es su Luz!

El viajero depositó el puñado de gemas en uno de los platos de una balanza cubierta de telarañas que había a su lado y añadió otros dos más

- Es exactamente lo que andaba buscando

Recogió la jaula que le tendía el buhonero, el cual se abalanzó sobre la pequeña pila de gemas con una lujuriosa mirada de codicia en sus marchitos ojos.

- Y decidme, poderoso señor, ¿que encantamiento o experimento vais a realizar con ese bichejo? - Sus manos se crisparon dejando caer algunas gemas mientras sus ojos se abrían como platos al notar que la iluminación en el sucio cuchitril había aumentado enormemente. - ¡¡Idiota!! ¡¡No descubras la jaula!! Podría llegar a...

Las palabras agonizaron en su garganta cuando se giró y vio a su cliente con un pequeño ser alado de formas femeninas de pura luz posado en su mano.

- ¿Que te han hecho, pequeña? ¿Por que me abandonaste? - Sebastian derramó una lágrima mientras con un gesto tierno acercaba al pequeño ser a su corazón. Con un pequeño destello, la luminosa figura se fundió en el pecho del viajero.

El paralizado buhonero apenas podía respirar, pero pudo captar como las ropas de su cliente ahora mostraban sus colores, muy apagados y casi grises, que abarcaban toda la gama cromática. Con la cara algo más iluminada y sonriente, Sebastian se acercó lentamente al aterrorizado vendedor.

- Y ahora vas a explicarme como llegó a tus asquerosas zarpas una de mis musas perdidas...


Dedicado al duendecillo que me ha devuelto la inspiración ;P

martes, 25 de septiembre de 2007

Malabares

azul, verde, amarillo, naranja, rojo, violeta

Las esferas de color se sucedian vuelta tras vuelta

amarillo,
naranja, rojo, violeta, azul, verde

Sobre una roca del camino hacía malabares un pequeño duende

naranja, rojo, violeta, azul, verde, amarillo

Nadie sabía el por qué de la risa de aquel hombrecillo

verde, amarillo, naranja, rojo, violeta, azul

Pobres , pensaba el duende, pues la felicidad no puede ser encontrada y encerrada en un baúl

violeta, azul, verde, amarillo, naranja, rojo

La felicidad debe disfrutarse sin preocupaciones, en cuanto posa en ti el ojo