miércoles, 1 de agosto de 2007

Forma

Redondeada y suave, la cara de la joven tocó la horrible espada.

El curvo y frío filo del arma serpenteaba desde la empuñadura apresada entre metal.

Un guantelete, laminado y oscuro, sujetaba firme las dudas del hombre.

Pese a su determinación, sudor perlaba su angulosa y curtida cara, encontrandose sus ojos.

En unos el pecado, en otros el reproche, amor en ambos.

1 comentario:

Pedro dijo...

:O

No sabía que eras poeta...

(disfruto)